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Motivación

Actualizado el 17 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Recientemente, en tres conversaciones diferentes he llegado a las mismas consideraciones. Las conversaciones se referían a tres temas bastante distintos: la adopción de las tecnologías de inteligencia de negocios (antes lo llamábamos “análisis de datos”), la computación en la nube y la innovación.

En los tres casos conversamos acerca de la motivación que lleva a las organizaciones a adoptar las tecnologías en cuestión. En los tres casos los argumentos giraron alrededor de la ventaja competitiva, la reducción de costos y/o el aumento de ingresos.

Todas las organizaciones poseen, hoy en día, grandes volúmenes de datos. El análisis de estos datos, utilizando métodos estadísticos y otras técnicas de agrupamiento, segmentación y refinamiento de los datos, ofrece un enorme potencial para descubrir y corregir comportamientos y tendencias de clientes, proveedores y colaboradores.

Análisis de datos. El análisis de datos históricos se está volcando, cada vez más, hacia el análisis de datos en tiempo real, con la intención de detectar movimientos no deseables lo antes posible, a fin de tomar medidas correctivas. Combinando datos históricos con datos “frescos” se ha fortalecido mucho el análisis predictivo, en el que el énfasis se centra en predecir las desviaciones antes de que estas sucedan, para así poder evitarlas. La motivación para invertir en las tecnologías y el talento necesario para sacar provecho de este valioso activo que las organizaciones ya poseen es, obviamente, la competitividad.

Computación en la nube. La computación en la nube es de fecha mucho más reciente. Desde que está cada vez más disponible la conectividad de banda muy ancha y muy barata, se han instalado centros de datos altamente automatizados (solo los guardas trabajan ahí) que ofrecen “servicios de nube” a costos muy inferiores a los que se obtienen comprando la tecnología, en lugar de comprar el servicio. Adicionalmente, al comprar el servicio, la organización no solo se libra del riesgo de obsolescencia (se lo traspasa al proveedor), sino que también se mejora sustancialmente la calidad del servicio.

Lo anterior, por cuanto todos los contratos de compraventa de servicios incluyen acuerdos de niveles de servicio (SLA son las siglas en inglés), con sus respectivas penalidades por incumplimiento. Cuando la organización adquiere la tecnología para autobrindarse el servicio, los SLA suelen brillar por su ausencia o carecen de penalidades (que viene a ser lo mismo).

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Innovación. Por otra parte, la innovación es la única manera que tiene una organización de dar saltos importantes en su crecimiento y el logro de sus metas. Es la manera de mantenerse navegando en océanos azules y mantener o aumentar el valor (económico o social) que la organización brinda a sus clientes, usuarios, colaboradores y a todos los involucrados (stakeholders). La innovación no se refiere únicamente a la introducción de nuevos productos y servicios, se refiere también a la introducción de nuevos procesos, nuevos modelos de negocio, en general nuevas maneras de crear valor.

En los tres casos, la conversación nos llevó a cuestionar cuál es la motivación del sector público para adoptar estas tecnologías. En los tres casos, los interlocutores respondieron que eso es demasiado difícil, y ellos no trabajan con ese sector. En los tres casos, también concluimos que las estructuras actuales de motivación a funcionarios, lejos de motivar la búsqueda de nuevas tecnologías y/o enfoques para ser más productivos y eficientes, lo que promueven es la permanencia y la aversión al riesgo.

En sector público, además de funcionarios permanentes, hay políticos temporales, los cuales tienen mucha motivación (o deberían tenerla) para introducir estas y otras tecnologías, cuyos beneficios son obvios. En el sector público hay técnicos muy buenos, y muchos de ellos son parte del Club de Investigación Tecnológica. No creo que haya falta de entendimiento de las nuevas tecnologías. Sin embargo, es obvio que la adopción de estas y otras tecnologías disruptivas es como una carreta pegada en el barro.

Tecnologías beneficiosas ha habido –y seguirá habiendo– muchas. Para que el sector público pueda beneficiarse de nuevas tecnologías de manera oportuna, es necesario crear la motivación para la innovación.

La motivación de los políticos debería ayudarnos a encontrar maneras innovadoras de convertir la innovación en una obligación. Esta podría ser la manera de despegar la carreta.

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