Opinión

Miedo al feminismo

Actualizado el 11 de febrero de 2017 a las 12:00 am

Como sociedad, debe avanzarse a la justicia y la equidad, con respeto total a los derechos

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Caminar por la ciudad es siempre una experiencia interesante para cualquier flaneur, dada la cantidad y calidad de las vistas y experiencias por observar. Sin embargo, el siglo XXI ha traído la posibilidad de caminar por una ciudad cibernética, con vías virtuales, así que me detuve a observar un grafiti moderno en un muro de Facebook: “Os da miedo el feminismo porque creéis que vamos a hacer con vosotros lo que habéis hecho con nosotras”. Más de dos mil quinientos likes en esta publicación dan fe de su eficacia, lo cual ha sido origen del siguiente pensamiento:

Durante siglos, las mujeres han sido parte de una sociedad que no termina de aceptarlas. Si bien nada en su existencia misma (ni intelectual, ni fisiológica, ni moral) hace de las mujeres seres inferiores o superiores a los hombres, la estructura de la mayoría de sociedades ha generado una incesante y eficaz segregación, cuyos efectos han comenzado apenas a ser minimizados. Claro, se han dado importantes avances gracias a la lucha de hombres y mujeres cuyo pensamiento está puesto en la justicia.

¿Por qué se afirma que hoy existe miedo al feminismo? Por la razón de que cuando un grupo que ha sido privado de sus derechos logra alcanzar una cuota de poder puede darse que actúe para lograr justicia o que revierta la situación y pase de víctima a victimario.

Lecciones. Históricamente, los casos de Nelson Mandela y Salvador Allende son aleccionadores, pues cuando dos pueblos oprimidos (la comunidad negra de Sudáfrica y las clases populares en Chile, respectivamente) alcanzaron el poder, se esperó una venganza sistemática y despiadada contra los grupos opresores, lo cual no llegó a darse.

Por el contrario, se procuró la integración de las respectivas sociedades, en un ambiente lo más justo posible. Si bien se dieron medidas consideradas como abusivas en su momento, estas solo tenían el objetivo de nivelar el terreno, de manera que la sociedad pudiera progresar en un natural estado de justicia y equidad.

Por otra parte, casos menos exitosos como los del activista Malcolm X ( if someone puts his hand on you, send him to the cemetery ) o del alcalde de Detroit, Coleman Young, demostraron que, si bien la pasión y el denuedo por una causa son loables no puede acabarse con la injusticia infligiendo más injusticia.

Medidas justas. Costa Rica es una sociedad joven en el tema de la integración de la mujer como sujeto pleno de derechos. Medidas como la paridad vertical y horizontal de puestos políticos han sido vistas como abusivas en su momento, como contrarias a la libertad y la democracia. Sin embargo, aun el más obtuso detractor debe aceptar que estas son justas y necesarias, así como temporales, pues su objetivo es educar a la sociedad de manera que, en un futuro cercano, esta paridad se dé naturalmente, sin necesidad de estar obligada por una ley.

Es importante comprender que no se trata de dar un regalo, ni un abuso, ni un privilegio, sino que se trata del acceso a lo justo. Nadie tiene por qué darles derechos a las mujeres ni a los hombres. Como seres humanos, estos derechos son inalienables, así como irrenunciables. No se crean leyes para reprimir, sino para educar al ser humano.

El temor que existe no es, por tanto, temor al feminismo, sino temor a la condición humana de querer resarcir injusticias aplicando injusticias. Así como es innegable que existen hombres (y aun mujeres) empeñados en negar el acceso a los derechos de la mujer en sociedad, existen grupos extremistas a la espera de alcanzar una cuota de poder para actuar de forma vengativa, procurando causar daño y devolver, golpe por golpe, los años de injusticias que han sufrido las mujeres.

Dar el salto. Por tanto, la sociedad costarricense debe dar el salto y posicionarse a la vanguardia mundial mediante una verdadera integración. El acceso a los derechos de la mujer no es asunto solo de mujeres, así como los derechos del hombre no conciernen solo a los hombres.

Como sociedad, debe avanzarse a la justicia y la equidad, con respeto total a los derechos, sin caer en la tentación de pisotear las conquistas ni de actuar vengativamente.

Es un reto difícil, en el cual se debe evitar el mantenimiento de un cómodo statu quo, pero también el deleite de ver caer al otro.

Es necesario poner lo mejor de todos nosotros, dejar a un lado los sentimientos de egoísmo y odio para apuntar al gran ideal de la humanidad, que está por encima de ideología, religión o política: la justicia verdadera.

El autor es filólogo.

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