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Juan Gelman y los rostros amados

Ha muerto Juan Gelman a los 83 años. El poeta del destierro. El poeta del exilio. El poeta del dolor más hondo. El admirado autor argentino falleció en México sin aguacero, pero, como César Vallejo, en un día del que ya tenía el recuerdo porque esperaba la muerte con la mansedumbre de quien ha vivido y padecido mucho. Su hora le llegó con la paz de haber atado cabos, por muy punzantes que estos fueran.

Gelman, precursor en Argentina del movimiento El Pan Duro bajo la influencia de la poesía con compromiso social, tuvo que exiliarse al comienzo de la dictadura militar en 1976. Atrás quedaron su hijo Marcelo y su nuera Claudia, dos jóvenes de 20 y 19 años que fueron unos de los tantos desaparecidos de este periodo tan negro. Durante años, Gelman indagó sin descanso sobre el paradero de la pareja, con la preocupación de que la muchacha había sido apresada con siete meses de embarazo. Para entonces ya se sabía que una de las más grandes atrocidades que cometía la Junta era la de permitir que las mujeres parieran, con el objetivo entregar sus bebés a militares o policías antes de matar a las madres en oscuras mazmorras o lanzarlas al mar bajo la infame Operación Cóndor.

A lo largo de las dos décadas en las que Juan Gelman vagó por el desierto de la incertidumbre no dejó de escribir los más bellos y exquisitos poemas. Supo conjugar la lucha por que se hiciera justicia y llegara hasta el fondo de la verdad con la elaboración de cantos al amor más carnal: “Cuántas veces temblé apenas si cubierto por la luz del verano mientras te describía por mi sangre”. El poeta escribía sin cesar, pero sin olvidar que su nieta podía vivir en alguna parte. Tal vez engañada por la historia oficial. Ajena a la búsqueda de su abuelo. La hija de Marcelo y Claudia.

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