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Investigación científica paralizada

Actualizado el 19 de febrero de 2013 a las 12:00 am

O Costa Rica forma parte del progreso científico, o se queda relegada

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Durante décadas, la CCSS se preocupó por la formación de especialistas nacionales con miras a ofrecer a la población costarricense mejor atención médica. En el caso del Hospital Nacional de Niños (HNN), los jerarcas de esta institución se preocuparon porque los subespecialistas, formados inicialmente en su seno, completaran su formación en centros académicos de primer orden en países con mayores grados de desarrollo. Costa Rica hoy puede garantizar que en el Nacional de Niños la inmensa mayoría de sus especialistas en cargos de jefatura se formaron en hospitales de primer mundo.

Los objetivos de aquella formación especializada en hospitales con altos grados de desarrollo eran claros: a) obtener una formación y una visión amplias en un hospital de primer mundo que permitiera al Nacional de Niños –a su regreso a Costa Rica– ofrecer este tipo de abordaje a los niños costarricenses, y b) establecer alianzas estratégicas con estos centros que hiciera posible ofrecer a nuestros pacientes la oportunidad de participar y beneficiarse de proyectos de investigación que, al mismo tiempo, se llevaban a cabo en los países del Primer Mundo.

Realmente esto fue un éxito por varios años pues en la inmensa mayoría de los casos los médicos formados en estos centros regresamos a trabajar al Nacional de Niños y al mismo tiempo, se lograron alianzas estratégicas con centros de gran renombre como la Universidad de Dallas, la Universidad de Maryland, la Universidad de Gotemburgo, la Universidad de California, la Universidad de Harvard y universidades en Japón, entre otros, así como avances impresionantes en varios campos como en el tratamiento de los niños con leucemia y otras enfermedades hemato-oncológicas, alcanzando cifras de sobrevida similares a los que se logran en países desarrollados, avances importantísimos en el tratamiento de la deshidratación por diarrea, de la meningitis bacteriana, en el abordaje de la otitis media y en el campo de trasplantes de médula ósea y de hígado, entre otros.

Investigación paralizada. No obstante estos impresionantes logros, desde enero del año 2010 la participación de Costa Rica en tales proyectos de investigación se paralizó como consecuencia de una acción de inconstitucionalidad (resuelta siete años después de su presentación) por la Sala Constitucional que, sin medir las consecuencias negativas que tendría la decisión, produjo un vacío legal y normativo en un campo tan importante como las investigaciones biomédicas, esfera en la cual, con todo merecimiento, Costa Rica había logrado gran prestigio dentro de la comunidad científica internacional.

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A pesar del apoyo valioso que investigadores de todos los sectores involucrados hemos brindado durante estos tres años a la Asamblea Legislativa para que pronto salga una ley que –con seriedad y absoluto apego a los derechos humanos de los participantes– regule esta materia trascendental para la salud de nuestro pueblo, hoy la Asambleanoparece todavía hallarse endisposición de discutir y resolver la aprobación de una ley que haga posible la investigación científica en nuestro país. Lo anterior, a pesar de existir consenso respecto a la necesidad de su aprobación y de haberse discutido, sin descanso, diferentes opciones para lograr la aprobación de esta ley.

El resultado de todo lo anterior ha sido que los estudios clínicos han migrado a otros países del área; los pacientes costarricenses no tienen acceso a participar en los mismos como no sea incurriendo en grandes gastos para viajar a otro país latinoamericano en el que estos proyectos sí se llevan a cabo y poder beneficiarse de ellos. Además de lo anterior, miembros de equipos de investigación, formados con los más altos estándares éticos y científicos han perdido su trabajo (médicos, enfermeras, microbiólogos, secretarias, etc.) y otros, como ha sido mi caso, hemos migrado a otros países para continuar con una actividad que desarrollamos con excelencia y amplios beneficios para la población costarricense por más de dos décadas.

A lo anterior agrego que muchos médicos que hoy se forman en el extranjero, cuya formación y vocación es la investigación científica, no tienen la opción de regresar a Costa Rica, lo que genera que la producción científica nacional disminuya notablemente.

Es necesario un cambio de actitud. Tanto en la Asamblea Legislativa como en el Poder Ejecutivo debe hacerse real su intención manifiesta de aprobar con urgencia el proyecto de ley de investigaciones científicas.

Es hora de abrir los ojos y caer en la cuenta de que el progreso científico, aunado a la ética de los investigadores, va a una velocidad increíble. Una de dos: o Costa Rica forma parte de este progreso científico, o se queda relegada. Siento que todo el esfuerzo hecho por el país exige insertarnos en el avance ético-científico.

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