Opinión

Infraestructura digna y hermosa

Actualizado el 06 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Con gran despliegue, La Nación publicó en su edición del pasado martes el reportaje “Toldos y redondeles son aulas de 35.000 alumnos”, en alusión a los problemas de infraestructura que aún afectan a 79 escuelas y colegios, de un total de casi 5.200 existentes en el país con una matrícula cercana al millón de estudiantes.

La información es cierta y está bien que se destaque: es algo que siempre debe llamar nuestra atención y llamarnos a la acción, pues ningún estudiante puede aprender bien en esas condiciones. Sin embargo, la información deja de lado que este ha sido un problema endémico que nos ha afectado por décadas y que, finalmente, en estos años, empieza a encontrar solución financiera, física y estética.

Por supuesto que queda mucho por resolver (los 79 casos del reportaje son muestra de ello), pero también podemos decir con satisfacción que una de las áreas que más han mejorado en el MEP es su capacidad de invertir más y de dotar a los centros educativos de espacios mucho más adecuados y agradables.

Histórica inversión. Mientras que en el 2006 la inversión en este rubro no superaba los ¢7 mil millones, entre 2010 y 2013 el monto global alcanzó un promedio anual de ¢38 mil millones. A eso se suman los ¢30 mil millones presupuestados para el 2014, así como otros ¢92.000 millones del fideicomiso educativo gestionado por el MEP y que será administrado por el Banco Nacional de Costa Rica con crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En total, la actual Administración habrá gestionado y asignado ¢274.000 millones para infraestructura y equipamiento educativo: más que las tres administraciones anteriores sumadas.

Respecto al fideicomiso, este constituyó un esfuerzo novedoso y pionero por dotar al MEP de una herramienta financiera que permita que, a mediano plazo (no a largo plazo) el país logre superar totalmente ese rezago que, por la vía ordinaria del financiamiento público, demandaría décadas.

El proyecto contempla en la construcción de 79 centros educativos –incluido mobiliario y equipo– así como 24 espacios culturales y deportivos en las diferentes regiones del país. Se trata de colegios técnicos y académicos, liceos rurales, telesecundarias, escuelas de primaria y educación especial. Todos ellos operan, como bien lo señala el reportaje, en precarias instalaciones alquiladas o prestadas, en regiones con alta densidad poblacional y, en general, de bajo nivel socioeconómico.

La inversión reseñada de los últimos cuatro años se refleja en casi 1.700 proyectos ejecutados, incluidos 253 centros educativos totalmente nuevos. Para entender este esfuerzo en su verdadera dimensión, veamos en siguiente gráfico que ilustra la cantidad de metros cuadrados que se edificaron por año. En total, una cifra cercana a 1,3 millones:

Más hermosa. Pero no se trata solo de un gran aumento en la cantidad de obras construidas, sino de la mejora significativa en la calidad y la belleza de esas obras. Hoy, como ocurrió a principios del siglo XX, la infraestructura educativa vuelve a ser entendida como merece, como el espacio en que nuestros niños, niñas y jóvenes aprenden a vivir y a convivir.

Consideramos que la belleza de la infraestructura es intrínseca a la educación; el centro educativo debe impactar la comunidad, debe promover identidad y debe ser un elemento que contribuya a dignificar la educación y reducir las desigualdades que han caracterizado a la infraestructura educativa.

Esto se aprecia ya en muchas de las nuevas obras construidas, sea en áreas urbanas y, sobre todo, en muchas áreas rurales y rurales dispersas, donde más diferencia hace una escuela o un colegio hermoso.

Los ejemplos son numerosos y van desde la restauración del Edificio Metálico, el Colegio Superior de Señoritas y el San Luis Gonzaga, hasta las escuelas Leonidas Briceño, en Nicoya y Central San José, en Golfito; o bien el Liceo Aeropuerto Jerusalem, de Pérez Zeledón, y el Colegio Técnico Profesional de Batán, en Limón. Especial mención merecen los nuevos centros educativos reconstruidos en su totalidad en un centenar de comunidades indígenas, como el Colegio de Sepecue, en Talamanca, cuyo diseño ganó la Bienal Centroamericana de Arquitectura 2012.

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