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Hijos como mercancía en vitrina

Actualizado el 30 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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Hijos como mercancía en vitrina

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Con el decreto firmado por el presidente, que da luz verde a la fecundación in vitro (FIV), se pretende legitimar una situación que coloca en estado de vulnerabilidad el derecho de todo niño a conocer quiénes son sus padres.

Por otra parte, materializa uno de los grandes temores que tenemos los padres en las primeras etapas de desarrollo de nuestros hijos.

Hace veinte años, tras el nacimiento de nuestra hija, además de la felicidad que significaba en nuestra vida este acontecimiento, surgieron muchísimas preguntas, responsabilidades y miedos, entre estos el que le sucediera algo o me la robaran.

Año y cuatro meses después, nació nuestro hijo, y conservé el mismo temor, ahora multiplicado por dos. Con la llegada de mi segunda hija fue igual.

Es decir, que a lo largo de estos veinte años nunca ha desaparecido de mi mente la inquietud de perderlos.

Creo que es un sentimiento compartido por muchas mamás, y esto nos hace solidarizarnos con quien ha tenido esta aterradora y desgarradora experiencia, de la cual no se recuperan jamás.

Pues bien, la FIV propone al matrimonio solicitante fecundar varios óvulos, tomar alguno de ellos y dejar los otros literalmente guardados para cuando decidan que nazcan, como cualquier objeto en una vitrina.

Allí, en algún lugar “resguardados”, son hijos que para las mentes enfermas e inescrupulosas supondrían grandes negocios, y al fin y al cabo son hijos que podrán ser igualmente robados para no sabemos qué tipo de comercio macabro, según la mente del que lo planea y ejecuta.

Algunos de quienes lean este artículo pensarán que yo no tengo ningún derecho a decir estas cosas porque tuve la “suerte” de tener varios hijos; sin embargo, es justamente el ser madre lo que me mueve a compartir tan terribles pensamientos, con la única finalidad de generar una reflexión.

Las personas que buscan la utilización de la FIV encontrarían en este razonamiento otros elementos para pensar dos veces en acudir al uso de esta técnica.

Compra y venta. El procedimiento es como si compráramos un hijo: lo escojo y dejo los otros allí, si me interesa después los adquiero, pero, si no, pasado un tiempo y si alguien no los ha tomado para otro fin, doy la orden de que se deshagan de ellos. Un hijo tal cual mercadería en inventario, ¡qué horror!

Realmente, hasta escribir sobre esto me causa escalofríos. Seguramente, bajarán los robos de niños, porque se les facilitará a los delincuentes obtener menores de todas las variedades sin mayor costo y a la mano.

Se esgrimen “muchos argumentos en defensa de la técnica”, uno de ellos es que no existe vida en los óvulos fecundados y guardados. Ignorancia es lo que hay. Claro que hay vida desde el momento de la fecundación, como indica la Convención de los Derechos del Niño y el derecho interno relativo a la paternidad y la filiación.

Los artículos 17 y 18 del decreto tratan a los óvulos fecundados (embriones) como objetos que pueden ser congelados e incluso donados a terceros.

De acuerdo con el recurso presentado, el 16 de setiembre pasado, contra el decreto, la vida se inicia con la unión de dos gametos (uno masculino con otro femenino), “que forman una cédula que técnicamente se llama ‘cigoto’, el cual contiene la identidad genética del nuevo individuo”.

El párrafo 2 del artículo primero de la Convención Americana de Derechos Humanos expresamente indica que “persona es todo ser humano”, y por ello debe reconocérsele “su personalidad jurídica de conformidad (…) y lo primero que reclama su personalidad es el derecho a la vida, derecho sin el cual no podría ejercer ningún otro derecho”, se explica también en el recurso.

Por lo tanto, esos óvulos guardados son hijos de las personas que aportaron tanto el óvulo como el espermatozoide allí, en un laboratorio como “materia prima”.

Incertidumbre. Las personas que están a la espera de que la técnica comience a practicarse deben reflexionar profundamente en lo que significa dejar hijos desprotegidos e indefensos, listos para ser tomados por cualquiera o, al final del tiempo, desechados sin siquiera saber cómo dispondrán de ellos.

Esto va de la mano con la evolución del mundo actual, donde todo es descartable, entonces, también los hijos irán en algún momento a la bolsa de la basura o, en el mejor de los casos, serán enterrados en un cementerio local junto a todos los restos de cuerpos humanos que son enviados allí para ser enterrados.

Podrán crearse leyes, decretos, normas y procedimientos para asegurar el resguardo de estos otros hijos, pero nada será inviolable. Pronto sabremos cómo se ha atentado contra dichas normas y procedimientos y se ha hecho un oscuro negocio de bebés robados y utilizados para quién sabe cuántos “atrayentes negocios”.

No atentemos contra el orden de la naturaleza. Muchos matrimonios permanecen sin hijos y han enriquecido sus vidas y gozan de gran felicidad con otros proyectos e ilusiones propios de la vida marital.

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