Opinión

Expediente único

Actualizado el 24 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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La movilidad humana hace cada vez más importante y necesario que el expediente de salud sea único. No puede, y no debe, ser que tengamos tantos expedientes como centros de salud, o profesionales de la salud, hayamos visitado o consultado. Si el expediente de salud no fuera digital, la única solución sería que el paciente (cliente con paciencia) anduviera para arriba y para abajo con su expediente a cuestas, lo cual, sin duda, produciría extravíos y/o manchas de mostaza. Las ventajas de contar con un expediente único de salud, en formato digital, no pueden ser sobrestimadas.

Desde hace muchos años, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) está desarrollando un proyecto denominado Expediente Digital Único en Salud (EDUS), el cual ya se está implementado en los Ebáis, pero le falta mucho para lograr cobertura nacional y estar presente y disponible en todas las clínicas y hospitales. La necesidad obvia de contar con un expediente único, sin embargo, no significa, ni por asomo, que se deba contar con un único sistema. El expediente único significa que solo debe haber un expediente, y que a él pueden acceder múltiples sistemas en todo el sector de salud. Para ello, se han definido estándares internacionales que permiten hacer precisamente eso: facilitan a todos los participantes (tanto privados como los estatales), con sus respectivos sistemas, acceder y, con la autorización respectiva, modificar y/o actualizar los expedientes.

Los estándares internacionales de intercambio de datos e imágenes médicas son fundamentales para cualquiera que quiera participar del denominado “turismo de salud”, pero también son fundamentales para evitar el síndrome de reinventar el agua tibia que sufrimos en este país.

En Costa Rica, el sector de salud cuenta con diversos sistemas. El participante más grande, por mucho, en dicho sector cuenta con varios sistemas en diversas localidades, pero, hasta donde yo sé, ninguno comparte información con los demás. Cuando a un paciente lo remiten de un centro a otro –por ejemplo, del Ebáis a la clínica o al hospital–, lo normal es que se le vuelvan a realizar todos los exámenes, pues el trasiego de información no es ni oportuno ni confiable.

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Los participantes del sector privado también cuentan con diversos sistemas, de manera que, cuando un paciente decide, por cualquier motivo, cambiar de centro de salud (hacia otro privado o hacia uno estatal), primero debe pasar por el inconveniente de informar a su centro de salud (o profesional) actual que ya no desea seguir con él (y muy a menudo dar explicaciones) y conseguir que le brinden (a regañadientes, y luego de una debida espera) su expediente, el cual, sin duda, será entregado en papel y, muy probablemente, incompleto.

A la CCSS, en los últimos años, le han instado e instruido la Sala Cuarta, la Comisión de Notables, la presidenta de la República y la Asamblea Legislativa, respecto a que debe digitalizar el expediente de salud. A nivel global, los sistemas y estándares para digitalizar, y poder compartir, dicha información existen desde hace 20 años o más. Sin embargo, en Costa Rica seguimos tratando de inventar el agua tibia, obviamente porque somos únicos y nadie sabe hacer las cosas como las hacemos (o dejamos de hacer) nosotros.

Me parece que el deber de dictar la obligatoriedad de los estándares internacionales y de resguardar los expedientes de salud de la población no le corresponde a ninguno de los participantes del sector salud. El rector del sector debe asumir la responsabilidad, y se debe instaurar y defender la propiedad de dichos datos. Los datos del expediente médico pertenecen al paciente, y solo él puede ceder el permiso para que un centro de salud, o un profesional particular, pueda consultarlos (con las debidas excepciones para casos de emergencias).

Esto no le resta urgencia a la necesidad de digitalizar el expediente de salud. Lo que sí hace es restarle importancia al proyecto faraónico que pretende hacer de todo y para todos –y que, podríamos apostar, nunca lo va a lograr–. Los estándares de intercambio de datos de salud permiten que, a corto plazo, se integre la información de todos los centros de salud y consultorios profesionales que ya cuentan con sistemas.

Esto producirá un beneficio enorme a muy corto plazo: eliminará una parte importante de los expedientes duplicados y facilitará la movilidad de los pacientes. También permitirá que, a medio plazo y casi sin instrucciones centralizadas, los diferentes centros de salud y profesionales liberales adopten el sistema que mejor les parezca, asegurándose únicamente de poder compartir los datos de forma eficiente y transparente.

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