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Economía con potencia moral

Es innegable que el mercado se ha caracterizado por su capacidad de producir riqueza

fernando zamora
fernando zamora fernando zamora

El informe del 2014 de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia advierte el enorme riesgo de que las emisiones de CO2 continúen impulsando las temperaturas mundiales. De mantenerse el proceso de calentamiento, los fenómenos ambientales irreversibles equivalen a permanecer dentro de un vehículo cuyo conductor, circulando a alta velocidad, ha perdido el control de la dirección y los frenos. La realidad es que ya no es sostenible mantener la elaboración industrial de muchos productos que agreden de forma grosera a la ecología planetaria, pese a que ello sea posible aún gracias a la capacidad del capitalismo. Así las cosas, sostener hoy la actividad industrial ambientalmente agresora es una conducta carente de fuerza moral, por lo que, si pretendemos garantizar nuestra subsistencia, no habrá otra salida que la de inyectarle potencia moral a la economía de mercado.

Monetarismo. Una ilustración de la economía de mercado sin fuerza moral es el monetarismo especulativo que provocó la crisis financiera del 2008. Ahora bien, no se me malinterprete. Si bien es cierto, los socialdemócratas rechazamos la economía carente de dirección moral, seguimos creyendo que las fuerzas económicas deben jugar dentro de una dinámica de libertad. De lo contrario, caeríamos en el totalitarismo marxista, que abraza el dogma de que –por sí sola–, la actividad productiva en libertad es perversa. Lo que sería una abdicación grave, pues precisamente la socialdemocracia nació como una alternativa combativa frente al marxismo. Atacamos el totalitarismo de Estado, como el de mercado, pues creemos en la economía de mercado más no en la sociedad de mercado.

Ante el grave desafío ambiental lo que los socialdemócratas de este siglo proponemos es que las potencias productivas libres sean conducidas de tal manera que se conviertan en solución y no en coadyuvante del problema ambiental. Y aunque en la socialdemocracia se han levantado voces como la de la periodista canadiense Naomi Klein, quien sostiene sin mayor margen de negociación que por sí mismo el mercado está contra el clima y enfatiza en los movimientos de masas como resistencia al embalaje en el que estamos, los movimientos indignados, aunque llenos de buena intención, no ofrecen mayor respuesta alternativa.

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