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Derechos humanos y ‘La isla de los hombres solos’

Actualizado el 17 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

La obra de José León debería reabrir el debate en torno a las políticas punitivas erradas

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Derechos humanos y ‘La isla de los hombres solos’

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El pasado 1.° de setiembre tuvo lugar el muy esperado estreno de la presentación de la novela La isla de los hombres solos del escritor costarricense José León Sánchez, en el Teatro Espressivo. Como es sabido, la cárcel de la isla de San Lucas, construida inicialmente por el presidente Tomás Guardia Gutiérrez para mantener alejados a sentenciados del resto de la sociedad, funcionó durante más de 100 años (1873-1991).

Es la primera vez que esta obra literaria costarricense se presenta en un teatro de nuestro país. El Teatro Espressivo la mantendrá en cartelera durante los próximos dos meses.

Sobre la novela, Álvaro Rojas Salazar expresó en el Semanario Universidad en artículo en mayo del 2016 que: “ La isla de los hombres solos es un documento de barbarie, una memoria colectiva que recoge el dolor humano, que permite pensar los mecanismos de control social, los distintos modelos penitenciarios y, además, nos abre ventanas para pensar lo costarricense. Él la escribió, eso me cuenta, sentado en una esquina de ese pabellón infernal, con cabos de lápices y en hojas de cemento. Una de ellas la tiene enmarcada en su casa, se la envió la esposa de un reo que la conservó a pesar del paso del tiempo”.

Abusos. Esta adaptación al teatro efectuada por la dramaturga norteamericana Caridad Svich no solo permite revivir, a través de la interpretación de un selecto elenco de artistas y de una magnífica escenografía, la sofocante atmósfera reinante en esta cárcel-isla, sino también el tormento asfixiante de los custodiados, el delirio de los custodios y el tipo de abusos a los que fueron sometidas personas durante su estadía en San Lucas.

Debe interpelar a la sociedad costarricense ante la apremiante situación en la que se encuentran actualmente varias de sus cárceles y cuyos problemas irresueltos se constituyen en un verdadero lunar en materia de derechos humanos: se trata de denuncias presentadas de forma persistente en diversos foros internacionales.

El pasado 22 de agosto se indicó que las autoridades del Ministerio de Justicia optaron por cerrar el ámbito F de la Reforma (Máxima Seguridad vieja, más conocida por los privados de libertad como Las Tumbas ).

“Nosotros llegamos y nos encontramos con una infraestructura que es absolutamente violatoria de los derechos humanos. Tiende a despersonalizar a la gente que está encerrada. El tema del aislamiento es muy delicado, debe ser algo muy restringido porque genera efectos muy dañinos sobre la salud de las personas. Por ejemplo, nos encontramos con gente que ya se le dificulta hablar. Y eso es inhumano”, dijo el viceministro de Justicia a La Nación.

El 11 de agosto, la jueza Xinia Solís Pomares ordenó a las autoridades que no ingresaran más personas al denominado “Ambito B” de La Reforma y, el pasado 20 de julio, el juez Roy Murillo Rodríguez ordenó el cierre de la Unidad de San Sebastián.

El pasado domingo 28 de agosto, en estas mismas páginas, Murillo señaló que algunos reos pasan hasta tres días sin acceso a la hora al aire libre. “Todos en espacios oscuros y poco ventilados, sin suficiente aire y luz natural y sin recibir una atención profesional adecuada. En esas condiciones, la prisión, lejos de alcanzar la finalidad resocializadora, se convierte en escuela de la criminalidad y un medio de exclusión social. Se impone, además, un trato inhumano, humillante y degradante a la población penal porque se les despoja de su calidad humana cuando no se les trata como tal”, afirmó en el artículo.

Tema de debate. Dado este agobiante contexto, esta obra de teatro también debiera permitir reabrir el debate en torno a las políticas punitivas erradas adoptadas en los últimos años, cuyo efecto previsible (más no previsto por los decisores políticos) ha sido el de aumentar de manera exponencial la cantidad de personas privadas de libertad (y de exacerbar, aún más, la ya crítica situación de hacinamiento): la tasa de personas en la cárcel por cada 100.000 habitantes pasó de 209 (2006) a 359 (2013) según datos oficiales del Mecanismo Nacional de Prevención.

Recientemente, como parte del debate sobre este tema, un defensor público costarricense habló en una entrevista para el periódico La República de una nueva especie protegida en Costa Rica: “La gota que derrama (sic) el vaso se da con la creación de los tribunales de flagrancia, que han facilitado las posibilidades de los jueces para dictar prisión preventiva. El atún de supermercado es la especie más protegida del país. Nunca he visto cómo un sistema tiene un fracaso tan exitoso como el punitivo. Estamos encerrando sin criterios científicos, de manera vergonzosa”.

Con relación a estos y algunos otros aspectos, nos permitimos compartir hace algunos días algunas reflexiones sobre la situación de los derechos humanos y las cárceles en Costa Rica.

Estas últimas fueron editadas en las páginas de Derecho Al Día en un artículo titulado “Derechos humanos y cárceles en Costa Rica” al cual nuestros lectores pueden acceder en www.derechoaldia.com.

El autor es académico.

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