Editorial

La amenaza populista

El discurso populista procura comunicarse con la emoción, no con la razón. Por eso, explora el enojo y el descontento. Del populista no se puede esperar un programa

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Ignacio Walker, senador y ex canciller chileno, visitó el país para advertir de los peligros del populismo. El fenómeno, manifiesto en todo el mundo, ya demostró su capacidad de penetrar las democracias más maduras y ricas. Ningún país puede considerarse inmune en estos tiempos de desencanto con la política y las instituciones.

El populismo, de derecha o izquierda —no importa el signo— explota esas disconformidades, sean reales o percibidas, para ponerse del lado del “hombre común”, asumir su defensa y ofrecerle soluciones definitivas, por lo general simplistas. Casi sin excepción, cuando alcanzan el poder, los populistas conducen a sus países a la tragedia. Es importante aprender a reconocerlos.

El discurso populista procura comunicarse con la emoción, no con la razón. Por eso explora el enojo y el descontento. Del populista no se puede esperar un programa. Ofrece soluciones mágicas o se abstiene de describir los medios para concretar sus promesas. El mensaje se agota en dos o tres temas aptos para suscitar indignación, cuanto más severa mejor.

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