Opinión

EDITORIAL

De jefas de hogar a microempresarias

Actualizado el 08 de enero de 2014 a las 12:00 am

El recién creado Fondo de Fomento de Actividades Productivas y de Organización de las Mujeres (Fomujeres) es digno de atención

En la última década, el aumento en la renta femenina en el continente fue sostenido y contribuyó a reducir en un 30% la pobreza extrema

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En el 2014, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu) distribuirá ¢530 millones para que jefas de hogar puedan lanzar proyectos productivos que les permitan superar las condiciones de pobreza y desarrollar sus competencias empresariales. El empoderamiento femenino es uno de los objetivos primordiales de la entidad desde su creación, en 1998, pero la dificultad para acceder al financiamiento sigue siendo uno de los reclamos habituales del sector.

En este caso, el recién creado Fondo de Fomento de Actividades Productivas y de Organización de las Mujeres (Fomujeres) es digno de atención por varios factores: se orienta a personas en riesgo social, aporta recursos no reembolsables y es una manera de atender las necesidades de grupos vulnerables que, por lo general, no son sujetos de crédito en el Sistema Bancario Nacional. Costa Rica, como otras naciones de la región, vive lo que se conoce como la “feminización de la pobreza”, y la única forma de romper el círculo es ofrecer alternativas de autonomía económica, educación e inserción laboral.

En nuestro país, casi una tercera parte de los hogares están jefeados por mujeres, de los cuales el 25% vive en pobreza. Según el más reciente Informe Estado de la Nación , la población femenina sufre mayor desempleo, un 10,2% en relación con el 7,8% general, pero también lo experimenta durante más tiempo que los hombres. El embarazo, las responsabilidades familiares y la atención de adultos mayores o personas enfermas hacen que obtener un puesto de trabajo, o mantenerlo, sea mucho más difícil.

Ante este panorama, la palabra clave es “autonomía”. El Fondo del Inamu se dirige a la vez a mujeres que han padecido situaciones de violencia de género y que no se atreven a separarse del agresor, o a denunciarlo, porque dependen económicamente de él. La creación de iniciativas productivas para estos sectores tiene un efecto multiplicador, como se ha visto en países como India.

Para mujeres que viven en sociedades de violencia extrema, como las centroamericanas, el empoderamiento empresarial, económico y social les permite alcanzar tanto la autosuficiencia financiera como la recuperación de valores esenciales que les habían sido negados previamente, como el respeto, la confianza en sí mismas y la capacidad de decidir sobre sus propias vidas.

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Además, el emprendimiento femenino posibilita a las beneficiarias incorporarse a la economía formal, encargándose de labores rentables desde su propia casa, sin abandonar el cuido de los hijos o la atención de otras personas bajo su responsabilidad.

Según el índice WE Venture Scope 2013 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “las mujeres de América Latina constituyen uno de los recursos más subutilizados de la región”. En la última década, el aumento en la renta femenina en el continente fue sostenido y contribuyó a reducir en un 30% la pobreza extrema. Se calcula que casi una cuarta parte de las microempresas regionales está dirigida por mujeres, pero esa cantidad desciende a menos del 10% en el caso de los grandes negocios.

Los objetivos del Inamu, al crear este fondo, deben orientarse a combatir la exclusión social de las mujeres, así como también a crear alternativas de formación financiera y de gestión empresarial a medio y largo plazo.

Como lo expresó su presidenta ejecutiva, María Isabel Chamorro, “la discriminación por ser mujer y por ser pobre limita a que muchas inicien su empresa. Hay algunas que se prepararon en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), pero no hay un sostén económico para materializar su idea”.

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