Opinión

EDITORIAL

La hora de la geotermia

Actualizado el 27 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

El acercamiento de posiciones hasta ahora encontradas permite albergar la esperanza de una culminación del largo debate sobre la geotermia

La ecología es, precisamente, la más importante razón para explotar la geotermia, tantas veces criticada por malentendidas razones ecológicas

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Los partidos Liberación Nacional y Frente Amplio respaldan la explotación de la geotermia en los parques nacionales creados alrededor de los volcanes, con la condición del respeto a la ecología. También piden compensar el área destinada a la conservación mediante la incorporación de terrenos aledaños.

El Movimiento Libertario y el Partido Acción Ciudadana están de acuerdo, pero piden examinar la posibilidad de extraer la energía desde afuera de las áreas protegidas, mediante perforaciones direccionales (inclinadas), capaces de alcanzar las reservas sin perturbar la superficie.

La tecnología existe y, para el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), no guarda ningún misterio. La ha utilizado en el proyecto Las Palias, vecino al Rincón de la Vieja, pero no es apta para alcanzar otras reservas de importancia. Por eso, la institución insiste en la necesidad de una reforma legal que le permita la exploración y explotación dentro de los parques.

En cualquier caso, es de celebrar el consenso sobre la necesidad de explotar la geotermia. El acercamiento de las posiciones hasta ahora encontradas permite albergar la esperanza de una culminación del largo debate, demasiado prolongado en vista de la urgencia de nuevas fuentes de energía limpia y barata.

El país quema decenas de miles de millones de colones en hidrocarburos para enfrentar su creciente demanda. Mientras tanto, el ICE calcula la existencia de reservas de unos 1.000 megavatios de energía geotérmica. Es energía limpia y la limitada afectación de los parques nunca tendrá el impacto ecológico de lanzar a la atmósfera los gases de efecto invernadero emitidos por las plantas operadas con derivados del petróleo.

La ecología es, precisamente, la más importante razón para explotar la geotermia, tantas veces criticada por malentendidas razones ecológicas. La generación eléctrica con petróleo expele 1.000 kilos de dióxido de carbono por kilovatio-hora, mientras la geotermia apenas emite 59. Al negarse a explotar la geotermia, nuestro país desaprovecha el equivalente a 14 millones de barriles de petróleo por año, un 80% del consumo anual de combustibles fósiles.

La geotermia es también una fuente de energía autóctona, independiente de los acontecimientos internacionales capaces de desestabilizar el precio del petróleo y elevarlo de manera impredecible, con grave daño para la economía nacional. Tampoco depende de los caprichos del clima, como sucede con las plantas hidroeléctricas, cada vez más afectadas por fenómenos asociados con el cambio climático causado, precisamente, por la emisión de gases de efecto invernadero.

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La geotermia es más barata y, como es constante, puede atenuar los vaivenes en los precios internos de la electricidad, un factor crítico para el desarrollo. A inicios de noviembre, La Nación informó del traslado a países vecinos de industrias y procesos industriales cuyos responsables están preocupados por la falta de competitividad derivada de la factura energética.

El consumo residencial de energía no se ve menos afectado. El costarricense consume menos, pero las facturas son cada vez más altas. En solo seis años, entre el 2006 y el 2012, la electricidad subió un 85,4% y, en el 2013, se mantuvo la tendencia al alza.

La geotermia no es el único elemento faltante en la política energética nacional, pero su explotación significaría un importante avance. El país cuenta con abundantes fuentes de energía autóctona, limpia y barata. Es completamente irracional desaprovecharlas.

Falta saber si el Movimiento Libertario y Acción Ciudadana están dispuestos a escuchar las razones del ICE para dar el último paso hacia el consenso.

En ese momento, un ejercicio mínimo de coherencia debe desembocar, con prontitud, en las reformas legales necesarias.

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