La bancarrota del sistema de salud venezolano, consecuencia directa de la bancarrota del país, ha sido objeto de conmovedores reportajes en la prensa internacional. Entre esos esfuerzos informativos destaca uno reciente del New York Times. La situación ha empeorado y una serie de reportajes especiales, publicados el jueves por la versión digital del prestigioso diario caraqueño El Nacional, presenta la crisis en toda su crudeza.
La información gráfica va más allá de complementar los textos. Por sí misma cuenta historias desgarradoras. En algunos casos, es difícil mantener la mirada sobre las páginas. Los hospitales, retratados en imágenes y textos, más parecen mataderos. Los pacientes mueren en los pasillos y la sangre mancha pisos y paredes en uno de los países más violentos del mundo.
“Me toca decidir entre las pastillas o la leche de mi bebé”, dice el título de un reportaje sobre la escasez de medicinas. “¿Si compro medicamentos, cómo voy a comprar comida?”, pregunta otra entrevistada. Los epilépticos se ven obligados a comprar sus tratamientos en la frontera con Colombia, muy lejos de Caracas, pero otros deben viajar desde regiones remotas hasta la capital para curarse del paludismo.
A la malaria se suman otras enfermedades antaño controladas, como la difteria, para alarmar a los especialistas. Solo hay un caso oficialmente reconocido, pero varios otros despiertan sospechas y, de nuevo, los medicamentos serían insuficientes para enfrentar un brote de esa y casi cualquier otra enfermedad.
El esfuerzo informativo de El Nacional se comprende mejor cuando se considera el empeño del régimen de Nicolás Maduro y sus simpatizantes por impedir la difusión de noticias sobre la horrenda crisis humanitaria existente intramuros. En setiembre, un equipo de El Nacional intentó entrevistar a médicos del Ambulatorio de Choroní, donde la escasez de medicamentos e insumos se suma a las fallas en los servicios de agua y electricidad para hacerles la vida difícil. Las preguntas quedaron sin responder y no hubo forma de fotografiar o filmar las condiciones de la infraestructura. El personal solo manifestó a los periodistas su temor de ser despedidos por hablar con la prensa.
Pero eso no es nada en comparación con los hechos de sangre perpetrados para impedir la protesta y la difusión de la verdad. En agosto del 2016, Eladio Mata, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, fue baleado en el abdomen en el Hospital Universitario cuando miembros de la chavista Federación de Trabajadores de la Salud impidieron el ingreso del secretario ejecutivo de un sindicato independiente.
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En otro incidente, unos 20 o 30 sujetos le fracturaron tres costillas y la mandíbula a un trabajador y le causaron heridas en la cara y la cabeza a otro. En medio de una protesta contra la escasez de insumos, Mauro Zambrano, dirigente sindical del Clínico de Caracas, sufrió dos estocadas en la espalda, propinadas con un punzón. La herida alcanzó ocho pulgadas de profundidad.
Por todas esas razones, la información publicada por El Nacional merece reconocimiento. El valiente esfuerzo no debe desperdiciarse en Venezuela o en países como el nuestro, donde la realidad es muy distinta, pero nunca están de más las advertencias. Los reportajes pueden ser leídos con un clic en este enlace y desde el viernes están disponibles en nacion.com.
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La serie de reportajes, titulada “Holocausto de la salud”, con el subtítulo “Crisis humanitaria”, conmueve y alecciona. También contribuye a comprender por qué el régimen chavista se ve obligado a recurrir, cada vez más, a medidas represivas y maniobras antidemocráticas para mantenerse en el poder.