Editorial

La agonía del golfo de Nicoya

La prioridad debe ser la regeneración y el buen manejo ambiental, con visión a largo plazo

El golfo de Nicoya padece un acelerado proceso de agonía ambiental. No sorprende: la tendencia comenzó hace muchos años. Pero sí alarma: su velocidad ha crecido; los efectos cada vez serán más difíciles de revertir y las presiones para que todo siga igual se mantienen. Si no hay un cambio, los resultados serán desastrosos.

Ante una realidad tan crítica, la única opción responsable es actuar con rapidez, solidez técnica y sentido integral. Estamos ante el acelerado deterioro de un bien público de enorme valor, que pertenece a todos los costarricenses e, incluso, a nuestro planeta. Por esto, debe ser manejado con miras a largo plazo, una ponderación responsable de costos y beneficios, y la decisión de no ceder reactivamente ante estrechos intereses de sectores que, aunque explicables, no es posible aceptar.

El golfo necesita, urgentemente, una política de rescate de su ya muy disminuido acervo natural, que debe desarrollarse junto con un plan de manejo a largo plazo, sustentado en la evidencia empírica y las recomendaciones de expertos y aplicado con rigor por las autoridades. Como complemento, habrá que atender los problemas sociales de los pescadores afectados, pero sin que ello implique debilitar las normas ambientales y, menos aún, tolerar más irrespeto a disposiciones de protección que han existido –y también se han violado– desde hace más de una década.

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