Opinión

EDITORIAL

Violencia de género y fin de año

Actualizado el 28 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

Como sociedad, es parte de un aprendizaje colectivo reconocer hasta las mínimas formas de violencia contra la mujer para denunciarlas de inmediato

Aunque hay mucho por hacer, somos una de las pocas naciones en el área que ha logrado un descenso en la tasa de feminicidios en los últimos dos años

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Durante el 2013, unas 2.000 mujeres murieron por violencia de género en Latinoamérica, aunque se considera que las estadísticas reales en Brasil y México son mucho más altas, tanto en cantidad como en ensañamiento. El mero hecho de ser mujer es un factor de riesgo en muchos lugares, donde las agresiones se triplican en días festivos y vacaciones. Hace un año, en Costa Rica, la Fuerza Pública atendió 531 denuncias de este tipo entre el 31 de diciembre y el 1 de enero.

El patrón del ataque en nuestro país es siempre similar y despiadado, y, por esa razón, es tan importante que la respuesta de las autoridades sea inmediata y que tome en serio los temores de la víctima y las amenazas del agresor. Por lo general se produce el fin de semana, de las 10 p .m. a las 6 a. m. Cuando se trata de la época navideña, es el oscuro y vergonzoso reverso de lo que debería ser una fiesta “en familia” y que, en una absurda mezcla de celos, licor y armas de fuego, termina en sangre.

Desde que hace casi 20 años empezó a hablarse de violencia de género, en el ámbito internacional el problema se ha identificado como una pandemia, según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De acuerdo con los expertos, al menos un tercio de la población femenina en el planeta ha sufrido algún tipo de coacción física o sexual. Se calcula que en México, tristemente célebre por su machismo, afecta a siete de cada diez.

Nuestro país no está exento de este flagelo, por supuesto. Aunque hay mucho por hacer para el pleno reconocimiento de los derechos de las mujeres, es necesario destacar que somos una de las pocas naciones en el área que ha logrado un descenso sostenido en la tasa de feminicidios en los últimos dos años.

En el 2011 se registraron 64 asesinatos, que pasaron a 26 entre enero y octubre del 2012, y a 14 en el mismo periodo del 2013. En el 80% de los casos estuvo involucrado el concubino o pareja sentimental de la víctima y la motivación más frecuente fueron los celos. La reducción es significativa en la región más violenta del mundo, en la que “morir por su género es el principal problema para las mujeres”, como expresó Carmen Moreno, exembajadora de México en Costa Rica y actual secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de la OEA dedicada al tema.

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Sin embargo, una de las características de la violencia de género es que trasciende fronteras geográficas, clases sociales y grupos étnicos, si bien se agrava en condiciones de pobreza y marginalidad. En Costa Rica se desterró el mito de que afectaba más a las personas inmigrantes.

Hasta el 2011, uno de los reclamos básicos del Inamu era que el país no había podido implementar una política de coordinación institucional que respondiera con prontitud y eficiencia a la violencia intrafamiliar y contra la mujer. A la vez, estas formas de agresión no se visualizaban como un grave problema para la sociedad y para las autoridades. A partir de entonces, se cambió hacia un modelo preventivo que, si creemos en las estadísticas, ha dado resultados positivos.

El pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, el ministro de Seguridad, Mario Zamora, aseguró que “la lucha en favor de los derechos de las mujeres constituye uno de los objetivos operacionales de la Fuerza Pública. Se ha logrado reducir la comisión de feminicidios y, en lo que llevamos del 2013, esta tendencia se mantiene. Son muchas vidas que se salvan”.

En esta Administración, 2.700 mujeres se convirtieron en oficiales de Policía, lo cual aumenta la sensibilidad y conciencia sobre el tema, sobre todo en el tratamiento de las denuncias y en la atención a las víctimas.

Que hasta octubre hayan muerto 14 mujeres, en relaciones de proximidad, sigue siendo una vergüenza nacional. Al mismo tiempo, que hayamos logrado una reducción de un 46% en el número de casos, en un año, es el resultado de una política de prevención y de información que, ahora más que nunca, en una época sensible, debe mantener en alerta a nuestras autoridades.

Como sociedad, es parte de un aprendizaje colectivo reconocer hasta las mínimas formas de violencia contra la mujer para denunciarlas de inmediato. La sombra de la vejación, de la humillación y, finalmente, de la muerte crece en el silencio. Como dice la campaña del Inamu, la complicidad también mata.

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