Opinión

EDITORIAL

Trabajo infantil y miseria

Actualizado el 02 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Una reciente legislación en Bolivia reduce a 10 años la edad mínima para que los menores obtengan empleo, mientras que la OIT establece 14

Informes de la OIT y del Departamento de Trabajo en Washington son alentadores para Costa Rica, pero también consignan fallas importantes

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Las imágenes de niños y niñas de corta edad en países agobiados por la miseria, difundidas constantemente por los medios de comunicación, inspiran dolor y tristeza. Estos precipicios sociales ocurren, principalmente, en naciones devastadas por la pobreza e, incluso, en algunas que han dado sus primeros pasos en el difícil camino del desarrollo económico y la modernización social.

Precisamente, hace poco se dio a conocer una nueva legislación laboral en Bolivia, adoptada en esta tercera administración de Evo Morales, la cual incorpora reglas que reducen a 10 años la edad mínima requerida para que los menores obtengan empleo. En este sentido, la edad mínima de 14 años ha sido establecida por convenciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de las que Bolivia es signataria.

La reciente acción de Bolivia, más allá del usual bullicio publicitario, parece constituir un retroceso más que un avance. Viene al caso la reforma promulgada por México, en junio pasado, que eleva a 15 años el mínimo para el trabajo de menores. Dicha reforma sí conllevaría un progreso significativo, dependiendo, desde luego, de su cumplimiento.

El Departamento de Trabajo estadounidense ha señalado que la perpetuación del empleo de menores en la región obedece a una serie de factores, en particular la pobreza endémica de muchas familias en zonas rurales. De igual manera, la ausencia de normas efectivas que penalicen el abuso de los menores empleados, la debilidad e ineficacia de las instituciones encargadas de fiscalizar el cumplimiento de las leyes y garantías sociales, y los vacíos en el acceso a la educación, se combinan para facilitar la evasión de esas leyes.

En este sentido, se requiere tomar en cuenta el clima de opinión en Estados Unidos, efervescente ante la ola de inmigración ilegal de menores, sobre todo de Guatemala, Honduras y El Salvador, que, desamparados, se aventuran a cruzar la frontera norteamericana. No es dable olvidar que la adopción de programas de cooperación de Estados Unidos depende de que las fluctuaciones de la opinión pública no impongan limitaciones a la acción legislativa, sobre todo en los rubros hacendarios.

El pronunciamiento de la OIT y el informe vertido por el Departamento de Trabajo en Washington son alentadores para Costa Rica. Este último, además de calificar como significativo el avance del país en erradicar los extremos de la explotación de menores, puntualiza las leyes e instituciones que hemos adoptado en esta tarea. No obstante, consigna que aún persisten focos de explotación de menores en actividades del comercio sexual. También se señala el inadecuado número de inspectores y fiscales para combatir estos delitos. Nada grave, pero sí dejan el dedo apuntado hacia fallas importantes.

En general, los dictámenes citados aplauden los logros de Costa Rica en el campo de la educación, renglón esencial en el que Bolivia y las tres naciones del norte centroamericano presentan grandes deficiencias. Esta apreciación guarda crucial importancia a la luz de la receta que comparten los dictámenes analizados: solo más educación podría sacar a flote a Bolivia y a esos tres Estados centroamericanos.

Para mayor claridad, como bien afirma el dictamen del Departamento de Comercio, “los tigres asiáticos hicieron de la educación una meta esencial. Niños que a los 10 años tienen empleo serán pobres de por vida, si no superan su deficiencia de educación. Si hubieran retomado su educación a los 14 años, sus posibilidades habrían mejorado notablemente. Singapur y Corea (del Sur) comprobaron esta fórmula. La salud es importante, pero la importancia de la educación es mayor”.

No hay mucho que agregar, dirán muchos lectores. Pero, sobre todo, recordemos que las naciones europeas, asiáticas y Estados Unidos han venido colaborando con toda la región en materia de estimular y ampliar la educación. Costa Rica podría hacer importantes aportes intelectuales y prácticos para elevar los niveles educativos en las naciones vecinas. Al fin de cuentas, la educación es también el preámbulo para alentar y fortalecer la democracia.

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