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EDITORIAL

Rezago educativo

Actualizado el 14 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

En los últimos 20 años, el país duplicó el porcentaje del PIB dedicado a la educación, pero la escolaridad promedio apenas llega al noveno año

Entre los costarricenses cuya edad va de los 20 a los 24 años, el 55% tiene la secundaria completa, una importante pero insuficiente mejoría

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En las últimas dos décadas, la escolaridad costarricense aumentó en apenas dos años. El dato podría no ser totalmente justo para los esfuerzos más recientes del Ministerio de Educación, porque surge de un promedio nacional. En el resultado influye, para mal, la escolaridad de personas que abandonaron los estudios hace muchos años. Eso no quita, como dice el director del Estado de la Nación , Jorge Vargas Cullell, que el país sufre un fuerte retraso en la materia.

Según el Estado de la Nación , cuyos estudios se han convertido en referente obligado a la hora de tratar una amplia gama de problemas nacionales, el escaso avance de la escolaridad contrasta con la duplicación del dinero invertido en educación (como porcentaje del producto interno bruto) en los últimos 20 años.

En 1990, el país dedicaba el 3,6% del PIB a los esfuerzos educativos y hoy gasta el 7,2%, pero la escolaridad promedio tan solo alcanza hasta noveno año, cuando hace dos décadas rondaba el sétimo. Sobre la estadística pesa, por ejemplo, la llamada “generación perdida” de la década de los ochenta, obligada por las circunstancias económicas a abandonar los estudios a temprana edad.

Los 315.000 estudiantes expulsados del sistema educativo por la crisis económica de aquel momento también son ejemplo de las consecuencias de la baja escolaridad. Se han pasado la vida en trabajos de baja remuneración, al punto que el 41% nunca logró adquirir una vivienda independiente y muchos todavía habitan bajo el techo de sus padres, pese a haber formado sus propias familias.

En el seno de esos hogares, el riesgo de reproducir el círculo de la baja escolaridad es alto. Los hijos de la “generación perdida” apenas tienen un 28% de posibilidades de completar el bachillerato. Los que no lo logren, quedarán también destinados a empleos mal remunerados y su contribución al desarrollo nacional será tan modesta como la de sus progenitores.

Si bien esa generación, que hoy ronda los 50 años, afecta negativamente el promedio de escolaridad, la cifra refleja el estado de situación y debe preocuparnos en un mundo donde la competitividad impone fuertes exigencias y el desarrollo no incorpora a plenitud a los menos preparados.

El peso de las generaciones menos favorecidas sobre la escolaridad promedio apunta al avance conseguido en tiempos más recientes. Entre los costarricenses cuya edad va de los 20 a los 24 años, el 55% tiene la secundaria completa. Hace 20 años, la cifra era de 32%.

El dato apenas da motivos de celebración. Casi la mitad de la población de entre 20 y 24 años no ha concluido los estudios secundarios y varios países latinoamericanos han logrado alcanzarnos o sobrepasarnos. México se emparejó con Costa Rica; Panamá y Ecuador lograron graduar a un 60% de la población citada, y Chile, un líder continental, llega al 85%.

Las falencias subsistentes en el sistema educativo, tanto en programas y prácticas como en infraestructura, exigen pronta atención. Las políticas agresivas de becas y apoyo a las familias de los estudiantes son una estupenda inversión para evitar los grandes costos futuros de la baja escolaridad. A ello se debe buena parte de la mejoría alcanzada en los últimos años.

Pero el Estado de la Educación , un proyecto especializado del propio Estado de la Nación , enfatiza la necesidad de complementar la mayor permanencia de los estudiantes en las aulas con un incremento en la calidad de la enseñanza impartida. Isabel Román, coordinadora del informe, ha insistido en la necesidad de ofrecer más oportunidades en la educación técnica y de fortalecer la formación en las materias básicas. La agenda es amplia y no hay tiempo que perder, si el país pretende disminuir su rezago.

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