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EDITORIAL

Recomendaciones del Banco Mundial

Actualizado el 14 de octubre de 2013 a las 12:00 am

El Banco Mundial propone depreciar las monedas latinoamericanas y utilizar la política monetaria para estimular las economías internas

Las tasas de interés continuarán subiendo y desincentivarán los movimientos de capital hacia los países en desarrollo, por lo que sus monedas tenderán a ajustarse

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A veces resulta necesario que un organismo internacional venga a enfatizar lo que ya sabemos, para adquirir conciencia de los problemas económicos y tratar de resolverlos. Nos lo ha dicho varias veces el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, ahora, lo repite el Banco Mundial: hay que modificar la política macroeconómica para poder estimular la producción y combatir el desempleo.

En un interesante estudio intitulado “La desaceleración de América Latina y el tipo de cambio como amortiguador , el Banco Mundial se plantea y responde una interrogante fundamental: ¿cómo acelerar el crecimiento económico y proteger el empleo ante la modificación de la política macroeconómica en EE. UU. y la amenaza de una reversión de las entradas de capital hacia nuestros países?

Dos son las premisas fundamentales: que los países latinoamericanos han disfrutado de copiosas entradas de capital por las bajas tasas de interés en los mercados financieros desarrollados, y la inminencia de un cambio en la política monetaria del Banco de Reserva Federal de EE .UU. Las tasas de interés continuarán subiendo y desincentivarán los movimientos de capital hacia los países en desarrollo, por lo que sus monedas tenderán a ajustarse. Costa Rica, evidentemente, se encuentra entre los afectados.

¿Qué pueden hacer los países latinoamericanos en esta coyuntura? La respuesta del Banco Mundial gira en torno a dos estrategias económicas: permitir que las monedas se deprecien al disminuir las entradas de capital y utilizar la política monetaria para estimular las economías internas, sin abortar los esquemas de inflation targets (metas explícitas de inflación) para evitar que los beneficios derivados de la mayor devaluación sean absorbidos por la inflación. Eso exige un manejo muy puntual de la política macroeconómica, incluyendo la parte fiscal.

Ante los anuncios de la FED de que pronto comenzarán a reducirse las compras de bonos e hipotecas y, eventualmente, las tasas de interés, los mercados reaccionaron con celeridad. Las tasas de interés exigidas para los títulos de largo plazo comenzaron a subir, y las monedas de algunos países latinoamericanos a depreciarse, y lo harán con mayor rapidez e intensidad cuando empiecen a ajustarse las tasas de interés de corto plazo. En tales circunstancias, los países con regímenes cambiarios flexibles podrán dejar sus monedas depreciarse para estimular sus exportaciones y hacer más competitivos sus productos locales frente a los del exterior. La recuperación, entonces, vendría por una doble vía: mayores exportaciones y mayor producción destinada al mercado local, que sería más competitivo.

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Complemento de lo anterior sería la implantación de una política monetaria más flexible, pues la flotación de las monedas permitiría independizar las tasas de interés para facilitar su reducción y estimular el crédito y la producción. Con menores tasas de interés mermarían aún más las entradas de capital, reforzando la tendencia a la depreciación y competitividad de las producciones nacionales. Un buen esquema de metas explícitas de inflación ( inflation targets ) permitiría a los bancos centrales controlar debidamente la inflación. También deberían tener cuidado de evitar la volatilidad cambiaria que naturalmente se produce en todo período de transición.

En ese contexto, una pregunta adicional que se formula el Banco Mundial es si economías pequeñas y abiertas como las de Centroamérica, Perú y Bolivia podrían apelar a ese mismo esquema, dadas su marcada dolarización de deudas y las limitaciones de la política fiscal, caracterizada en unos casos por crecientes déficits fiscales y altos porcentajes de la deuda pública en términos del PIB. Costa Rica se enmarca dentro de ese grupo de países, pues registra una elevada dolarización del sistema financiero (alrededor de un 40%), y la deuda pública ha venido creciendo aceleradamente, según analizamos en nuestro editorial del pasado lunes. En tales circunstancias, una devaluación abrupta podría perjudicar a muchos deudores en dólares, incluyendo el Gobierno Central, el mayor de todos. Pero tampoco conviene la circunstancia cambiaria actual. La situación, evidentemente, es compleja.

La dolarización en Costa Rica data de hace mucho tiempo, debido, principalmente, a la gran diferencia en las tasas de interés en dólares y colones. Endeudarse en dólares era –y es– atractivo, pues resulta más barato, comparado con las operaciones activas en colones. Además, la política cambiaria de mantener un tipo fijo alrededor de ¢500 por dólar elimina prácticamente el riesgo cambiario, pues lo asume directamente el Banco Central.

Independientemente de lo anterior, el país necesita reactivar su producción para combatir el desempleo, que ha llegado a niveles muy elevados (10,4% de la fuerza laboral). Entre jóvenes y mujeres, las tasas son todavía más altas. Y la reactivación pasa por la competitividad de las exportaciones, afectada por la revaluación del colón y la inflación interna, muy superior a la internacional, y por una mayor producción para el mercado interno, que ha tenido desventaja frente a las importaciones más baratas del exterior por el tipo de cambio.

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Sería bienvenida una mayor devaluación, por sus efectos positivos en la parte real de la economía. Pero, si el Gobierno continúa endeudándose en el exterior y aportando las correspondientes divisas al mercado cambiario, el tipo de cambio no se podrá recuperar.

Y eso nos lleva, en definitiva, a la cuestión de fondo: para disminuir o eliminar el endeudamiento externo, el país tendrá que hacer una buena reforma fiscal, tal y como hemos recomendado en otras oportunidades.

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