Opinión

EDITORIAL

Peor el remedio que la enfermedad

Actualizado el 09 de octubre de 2013 a las 12:00 am

El Centro Nacional de Intoxicaciones y el Ministerio de Salud denunciaron el descontrol que se presenta en el mercado de medicamentos naturales

Este año se decomisaron 9.000 medicamentos sin registro sanitario, de los cuales casi una tercera parte eran productos ofrecidos como naturales

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En el 2009, el Colegio de Farmacéuticos y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) lanzaron una campaña educativa sobre la utilización inadecuada de los antibióticos y la tendencia de la población, cada vez más generalizada, a automedicarse. En aquella oportunidad, el mensaje se orientó a la importancia de respetar la indicación, dosis y duración del tratamiento prescrito y conocer los efectos secundarios a los que podría verse expuesto el paciente.

Estas recomendaciones son también válidas para el uso y abuso de medicamentos naturales, sobre los cuales durante décadas se han propalado mitos populares como que, por ser supuestamente “originales”, si no curan, al menos no hacen daño. Sin embargo, esto es falso.

El Centro Nacional de Intoxicaciones y el Ministerio de Salud denunciaron el descontrol que se presenta en este mercado y la facilidad con que se evaden las restricciones. Este año se decomisaron 9.000 medicamentos sin registro sanitario, de los cuales casi una tercera parte eran productos ofrecidos como naturales. La calidad de estos artículos es dudosa, difícil de verificar y en la mayor parte son falsos o adulterados, lo cual multiplica su riesgo. Por si fuera poco, muchos de ellos son objeto de un comercio clandestino.

Anualmente se producen al menos 84 intoxicaciones por fármacos naturales, de acuerdo con estadísticas oficiales, lo cual hace pensar que el fenómeno tiene proporciones mucho más amplias. Quienes sufren las mayores consecuencias, y por lo tanto nunca deberían utilizar estas sustancias, son las mujeres embarazadas o en lactancia, niños, adultos mayores y pacientes con enfermedades crónicas. Y son justamente estos últimos, así como las personas que sufren de obesidad, los que recurren con más frecuencia a las curas milagrosas prometidas por ciertos fármacos.

Las advertencias sobre los remedios naturales no son una cruzada en contra de la medicina tradicional, sino una llamada de atención hacia un sector que cuenta con muy pocas restricciones y que en la economía global está expuesto a la importación de bienes de cualquier procedencia a bajo costo.

Los adelgazantes son la primera causa de envenenamiento involuntario en Costa Rica y en países de Suramérica. Otros artículos que han sido decomisados e implican un peligro para la población “son potenciadores sexuales, tratamientos para el azúcar, presión arterial y multivitamínicos. Hay cosas con falso etiquetado, productos gemeleados, productos que del todo son falsos, que ninguna información de la etiqueta es cierta”, según el Dr. Allan Varela, de la Dirección de Salud.

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Estos medicamentos se expenden en lugares muy diversos, como mercados, tiendas naturalistas, consultorios de medicina alternativa y hasta por Internet, todo lo cual los hace difíciles de abarcar para los escasos medios de que disponen las autoridades. Si bien su abuso debe ser un asunto de atención pública, también lo es de responsabilidad individual.

El Ministerio de Salud debe ser más riguroso con los productos naturales, pero también los usuarios, que no deben consumirlos por su cuenta, sin una estricta supervisión médica. En el mundo, se calcula que un 80% de los pacientes no lee la etiqueta de los fármacos. Por lo tanto, ignoran lo que contienen, los efectos secundarios y los riesgos que contraen al mezclarlos con otros tratamientos o al modificar antojadizamente la dosificación. Además, en Costa Rica, un 70% de los asegurados admite no preocuparse por la fecha de caducidad y la importancia de desechar las medicinas vencidas.

Es indispensable estimular la educación de los costarricenses para que sean consumidores conscientes y responsables de los servicios y productos médicos. El hecho de que sean naturales no garantiza su eficacia ni los exime de los controles de calidad a los que están sometidos otros fármacos.

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