Opinión

EDITORIAL

Obama y la ONU

Actualizado el 28 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

El califato islamista en Irak y Siria y la decapitación televisada de dos norteamericanos y un británico tuvieron un impacto inmediato en la ciudadanía de Estados Unidos

Ha habido una transformación visible de Obama, quien, últimamente, mantiene una postura firme y resuelta. Este fenómeno se hizo notorio en el discurso ante la ONU el pasado miércoles

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La Asamblea General de la ONU ha sido cada año el foro por excelencia para que los países presenten al mundo sus visiones globales, así como los proyectos que los respectivos Gobiernos juzguen cruciales. Conforme a este modelo, la Asamblea General de la ONU también opera como una tribuna del presidente de Estados Unidos y muchos otros mandatarios para plantear inquietudes y proyectos relevantes.

No obstante, esto no ha sido siempre así. Durante los años 60 y 70, la ONU fue convertida en una cámara de resonancia del tercermundismo y en ficha clave de la propaganda soviética en su pugna con Estados Unidos y las democracias occidentales. Eran los tiempos de la Guerra Fría.

Lo que fue entonces se retrata en la comparecencia de Yasser Arafat, un jefe del terrorismo global con revólver visible al cinto, aclamado en la plenaria de la ONU. Idi Amín, el dictador de Uganda, era otro prohombre del terror y, por si faltaba, del canibalismo africano, y también fue distinguido con una festejada comparecencia ante la Asamblea de la ONU. Hubo otros convidados de esa índole.

Dichosamente, la Guerra Fría declinó durante los 80. Con Ronald Reagan en la presidencia norteamericana, el descenso estratégico de la URSS se aceleró culminando con la implosión del Estado soviético en 1989. Nuevos tiempos también arribaron a la ONU.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, desde su elección en el 2008, reiteró su vocación pacifista ante la Asamblea General de la ONU. Sin embargo, ahora endureció su retórica.

Obama llegó a la presidencia con una bandera pacifista. En este sentido, ya se habían divulgado algunos arreglos para la salida de las tropas norteamericanas de Irak y Afganistán. Sobre este fenómeno, el año pasado, ante la Asamblea General, Obama dijo que Estados Unidos se alejaba cada vez más del planteamiento de mantenerse en pie de guerra.

Con todo, los acontecimientos en el Cercano Oriente, en particular la rápida expansión del frente islámico conocido como ISIS, conexa con la inminente desintegración de Irak que se perfilaba por la pugna interna entre chiíes y suníes, encendieron las luces de alarma en toda la Administración.

La Casa Blanca permanecía desconcertada. A raíz de las declaraciones públicas de Obama de que carecía de estrategia, las encuestas sobre la gestión del presidente se desplomaban y líderes del Partido Demócrata externaban preocupación por la suerte de sus candidatos a la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de medio período en noviembre.

El establecimiento del califato islamista en territorios de Irak y Siria, proclamado por ISIS, y la decapitación televisada de dos norteamericanos y un británico tuvieron un impacto inmediato en la ciudadanía de Estados Unidos.

Esta coyuntura también conmovió a Obama y, en pocos días, anunció la alianza que estaba plasmando alrededor de Washington para acciones de mayor calibre contra ISIS. La alianza anunciada pronto tomó forma e incluyó aliados suníes. En las primeras acciones aéreas, hace pocos días, participaron Arabia Saudita, Kuwait, Jordania, Dubái, los Emiratos del Golfo y, en labores de apoyo, Qatar. Esta presencia árabe en los primeros bombardeos ha cambiado la perspectiva del público en Estados Unidos a favor de Obama. Las acciones se multiplican y destruyen las posiciones de ISIS en Irak y, ahora, Siria. Un panorama más alentador, sin duda.

Con este trasfondo, ha habido una transformación visible del presidente, quien últimamente ha aparecido en público con una postura firme y resuelta. Este fenómeno se hizo notorio en el discurso ante la ONU el pasado miércoles. En su mensaje dejó claro que, no obstante la adhesión de otras potencias, el timón estaba en sus manos.

La campaña bélica llevará tiempo y ahora queda por delante definir los números de tropas de Irak y de los sirios que ya combaten en su país contra la dictadura de Assad.

Por su parte, Estados Unidos y otras potencias ya iniciaron tareas de adiestramiento de las fuerzas locales. Una nota positiva prevalece ya en Levante. Tampoco hay mayores dudas del impacto electoral favorable de esta guerra en filas demócratas.

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