Opinión

EDITORIAL

Frenos nucleares

Actualizado el 19 de julio de 2015 a las 12:00 am

La fiscalización de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) será crucial para asegurar el cumplimiento del pacto con Irán

Al margen de los mecanismos de acción y verificación, un elemento esencial será la confianza que logre inspirar Irán durante la implementación del pacto

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El anuncio de la conclusión de las negociaciones del pacto nuclear de Irán con las seis grandes potencias (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China y Alemania) y la Unión Europea, dado a conocer el martes 14 de julio en Viena, motivó un torrente de felicitaciones de un mundo turbado por conflictos que aún no alcanzan solución. Con plena justificación, Costa Rica se unió al regocijo internacional suscitado por el acuerdo.

Y no ha sido para menos. El festejado pacto pareció despejar un foco de constante preocupación global: la amenaza de la teocracia islámica por su manifiesta pretensión de dominar el Medio Oriente y otras latitudes. Asimismo, el afán de Teherán por convertirse en propiciador del terrorismo.

Sin embargo, en cuestión de horas salieron a luz comentarios analíticos que puntualizaron algunos bemoles y peligros del pacto de Viena. Un aspecto primario de las dudas concierne a los cuantiosos fondos iraníes congelados por las sanciones y que mayormente serán liberados en unos pocos meses. Se anticipa que unos $150.000 millones engrosarán las arcas de Teherán en un primer momento. En un país democrático se supondría que esos dineros posibilitarían incrementar la ayuda social. No obstante, en la teocracia islámica podrían ser destinados a la Guardia Republicana y a las aventuras internacionales, como ha ocurrido en el pasado. Irán no es una democracia que demande mantener contenta a la ciudadanía, observó un entrevistado por la prensa estadounidense.

Posiblemente, el presidente Barack Obama, ostensiblemente malhumorado por los cuestionamientos, también haya contribuido al desconcierto en torno a lo convenido con Irán. En la primera conferencia de prensa tras el acuerdo, un respetado periodista de la CBS preguntó si había intercedido con los altos cuadros persas para liberar a unos pocos norteamericanos que guardan prisión en Teherán, sin causa. El mandatario, con tono cortante, afirmó que ese era un tema aparte y no había sido traído a colación para no malograr los acuerdos nucleares. ¿Un tema aparte, la protección de conciudadanos en las celdas iraníes?, repreguntó el corresponsal.

El convenio establece detallados procedimientos de verificación del cumplimiento, inspecciones y otros elementos del legajo generado durante más de dos años de conversaciones e intensas discusiones entre los participantes. Pero el capítulo medular de la verificación también suscita dudas en los sectores críticos del acuerdo. Los plazos fijados para cada una de las etapas del proceso, los encargados de llevarlas a cabo y la pasada conducta de Irán no erradican la incertidumbre en torno a posibles quebrantos de lo convenido y obstáculos a la inspección prevista. También atrae la atención de los expertos lo referido al enriquecimiento de uranio y el papel de las centrífugas.

Es obvio que la fiscalización de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) será crucial. Lo mismo ocurre con otras dependencias internacionales que intervendrán en el proceso. Sin embargo, al margen de los elaborados mecanismos de acción y verificación, resulta evidente que un elemento esencial será la confianza que logre inspirar Irán durante la implementación del pacto. Por ello, otra vertiente clave para el éxito del pacto es y será la conducta internacional de Irán. La ejecución de los acuerdos no debe ser juzgada en forma aislada, algo así como en el vacío, sin tomar en cuenta la relación de Irán con el terrorismo y los conflictos regionales o mundiales.

El acuerdo todavía requerirá un examen riguroso del Poder Legislativo estadounidense. Falta un largo camino por recorrer y el mundo lo seguirá con gran interés. Para bien de la paz y seguridad mundial, ningún detalle debe ser pasado por alto.

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