Opinión

EDITORIAL

Educar contra los golpes

Actualizado el 03 de julio de 2013 a las 12:00 am

Entre el 2007 y el 2012, el número de agresiones atendidas en el Hsopital de Niños se incrementó en un 610%

Hay que educar en contra de los golpes y a favor de métodos alternativos, ampliamente divulgados y accesibles para todos los padres de familia

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Para nadie es un secreto que la sociedad costarricense atraviesa un incremento alarmante de la violencia, por algunos calificado de epidemia. Esta tendencia se ensaña en particular con los sectores más vulnerables, como las personas con discapacidad, los adultos mayores y, en un grado escandaloso, con los menores de edad.

En el artículo “Castigo físico: evidencia y realidad costarricense”, publicado por La Nación el pasado 23 de junio y que debería ser leído por todo padre de familia, el Dr. Hernán Sierra desarticula con evidencia científica el sistema de prejuicios, hábitos disciplinarios e ignorancia que durante generaciones ha protegido una “cultura del fajazo” que, progresivamente, se ha ido convirtiendo en más y más violenta.

Las conclusiones del médico son claras y contundentes: “La información existe y está a nuestro alcance. Pegar no es un método disciplinario adecuado; no es efectivo a largo plazo y puede tener consecuencias psicosociales importantes”. Pero una de las principales virtudes de su análisis es que no se detiene en el diagnóstico sino que aporta soluciones, no solo institucionales sino utilitarias, e ilumina sobre las causas de la escalofriante epidemia de maltrato infantil.

Repetir que “la letra con sangre entra”, como reza el proverbio, para referirse a prácticas educativas no del todo erradicadas, o que “como a mí me educaron de esa forma, yo educo así a mis hijos”, es una maldición cultural, es insostenible y pone en peligro nuestro futuro como nación. En su artículo, el Dr. Sierra demuestra que hay una íntima relación entre el castigo físico y las sociedades violentas.

Como lo ha denunciado el Hospital Nacional de Niños (HNN), las consecuencias saltan a la vista y cobran un dramático significado cuando, según las encuestas, casi un 60% de los padres afirma que, cuando pierde la paciencia con sus hijos, “dan ganas de pegarles”.

En 1980, cuando el HNN empezó a denunciar el aumento de los casos de maltrato, no se contaba con estadísticas fiables. Hoy se sabe que, del 2007 al 2012, el número de agresiones atendidas en el centro médico se incrementó en un 610%, y el fenómeno sigue en aumento, tanto en cantidad como en gravedad. El año pasado, el hospital atendió a un promedio de entre siete y ocho infantes al día, especialmente menores de un año, lo que representó casi 1800 casos. Sin embargo, se calcula que por cada uno de ellos, hay diez que nunca se denuncian, en su mayoría porque los padres los esconden o tienen recursos económicos para atenderlos por su cuenta.

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En la última década, los especialistas percibieron un cambio en el patrón de maltrato que debe llevarnos a la mayor indignación, cuando se pasó del fajazo, las quemaduras, las fracturas y los traumas de cráneo a lesiones cerebrales causadas por golpes directos, caídas, sacudidas, agresión prenatal y situaciones de abuso físico, sexual y emocional, de serias implicaciones sociales.

Ahora, lo más importante es pasar de la indignación a las acciones concretas. Sin duda, las campañas del HNN han sido determinantes para visibilizar un fenómeno oculto hasta hace muy poco, pero es indispensable no solo que tengan impacto inmediato sino que produzcan efectos a mediano y largo plazo sobre la comunidad nacional.

Según el Dr. Sierra, un “65% de los costarricenses tienen una ausencia de conocimientos adecuados para trabajar límites sin recurrir al castigo físico. Por lo tanto, la alta incidencia de castigo físico en Costa Rica no solo es un asunto cultural, lo cual sería comprensible y difícil de cambiar, sino que también es por falta de conocimiento, lo cual es inaceptable pero afortunadamente modificable por medio de la educación”.

No hay excusa para escudarnos en la tradición familiar y en prácticas deplorables de la sociedad patriarcal. Hay que educar en contra de los golpes y a favor de métodos alternativos, ampliamente divulgados y accesibles para todos los padres de familia, como el reforzamiento positivo y muchas de las técnicas ofrecidas por el Dr. Sierra y otros especialistas.

Si bien el Estado costarricense no está preparado para atender este flagelo, la CCSS, el Pani y el Ministerio de Educación tienen una gran tarea por delante.

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