Opinión

EDITORIAL

Crónica de la incertidumbre

Actualizado el 22 de julio de 2017 a las 10:00 pm

Nada ha hecho el presidente Donald Trump para despejar la confusión en torno a sus vínculos con Rusia

Una cadena de incidentes suscita dudas sobre la decisión de suspender la ayuda a grupos contrarios a la dictadura Siria

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Donald Trump ascendió a la presidencia de Estados Unidos hace apenas seis meses. Culminó así una campaña electoral repleta de promesas, pero también de insultos. Fue un proceso político teñido por las acusaciones del entonces candidato republicano contra sus adversarios, entrelazadas con promesas de convertir al país en una utopía política, social y económica.

Pero la ejecutoria de medio año es más bien una distopía, a menudo difícil de creer, que amenaza proyectarse desde la Casa Blanca hacia otros centros del quehacer político y administrativo de la primera potencia mundial.

Los hallazgos sobre intromisión rusa en los comicios estadounidenses comenzaron a producirse antes de inaugurada la administración y, a la fecha, el mandatario ha hecho poco por tranquilizar a la opinión pública y a los aliados en todo el mundo. Las últimas revelaciones del caso, unidas a las declaraciones del presidente y sus encuentros con el líder ruso, Vladimir Putin, avivan las dudas hasta un punto insospechado.

Cuando el mandatario se deshizo de James Comey, director del FBI, el subsecretario de Justicia designó a un respetado abogado y exdirector de la misma agencia policial, Robert Mueller, como fiscal especial para investigar la penetración rusa. Ahora, el mandatario insinúa la posibilidad de despedir al investigador y le advierte no inmiscuirse demasiado en sus relaciones de negocios. También trascendieron las investigaciones de la Casa Blanca dedicadas a obtener información útil para desprestigiar al fiscal especial y a su equipo.

El exsenador Jeff Sessions, secretario de Justicia, provocó el enojo del mandatario cuando se recusó de supervisar la investigación luego de las dudas surgidas de sus declaraciones en el Congreso, donde omitió revelar un encuentro con el embajador ruso durante la campaña electoral. Ahora, junto a las declaraciones sobre Mueller, Trump ventila públicamente su enojo contra Sessions y lamenta haberlo nombrado.

Los círculos políticos de Washington esperaban la renuncia del secretario de Justicia, pero el funcionario anunció que permanecería en el cargo mientras lo considerara conveniente. Trump no insistió en el cuasi despido, quizá como consecuencia de las reacciones adversas en el Capitolio.

La inquietud sembrada por las declaraciones sobre Sessions y Mueller es el clímax del capítulo iniciado durante la cumbre del G-20, en Hamburgo, donde en dos ocasiones se reunió con el presidente ruso. En la segunda oportunidad, la única otra persona presente fue el traductor ruso. ¿De qué se habló? La Casa Blanca solo dio un brevísimo e inocuo informe.

A su regreso de la cumbre, el mandatario no encontró tregua. La prensa reveló contactos de miembros de su familia e influyentes conductores de la campaña con una abogada cercana al Kremlin que ofreció información dañina contra Hillary Clinton.

El jueves, las dudas se magnificaron cuando la prensa dio a conocer el pedido de Trump a sus abogados para que analicen los alcances de su potestad de otorgar perdones. ¿Podría perdonarse a sí mismo y a sus allegados de antemano?

El recuento explica las dudas surgidas de la decisión de suspender la ayuda a los grupos contrarios a la dictadura de Bashar al Asad, en Siria, con lo cual concede una victoria al Kremlin. La medida, a la cola de tantos incidentes relacionados con los rusos, confunde y preocupa dentro y fuera de los Estados Unidos. El remezón institucional que podría emanar de todo este affaire repercutiría en los más recónditos puntos del planeta.

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