Editorial

Cooperación militar entre Rusia y Nicaragua

La compraventa de armamento, como los 20 tanques T-72-B entregados a Managua el año pasado, contribuye a romper el equilibrio en la región

El canciller Manuel González se queda corto, en buen ejercicio de la diplomacia, cuando dice que las crecientes relaciones militares entre Nicaragua y Rusia “no son señales positivas”. Por el contrario, esa cooperación bélica tienta a los peores demonios de una región centroamericana demasiado castigada por la guerra.

La compraventa de armamento pesado, como los veinte tanques T-72-B entregados a Managua hace meses, contribuye a romper el equilibrio en la región y siembra preocupaciones entre países vecinos. Otros treinta tanques están en camino y la compra no se justifica por la necesidad de combatir el narcotráfico y la delincuencia común.

La negociación puede llevar a otras naciones del área a gastar sus escasos recursos para procurar una equiparación casi siempre elusiva en el marco de una carrera armamentista. La propia Nicaragua no es un país con medios de sobra. La miseria, la falta de atención médica adecuada y otros flagelos sociales reclaman inversión.

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