Opinión

EDITORIAL

Aumento en el precio de la luz

Actualizado el 20 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Es hora de adoptar una política energética realista, coherente con las exigencias del desarrollo y de nuestra pregonada vocación ambientalista

El ICE estima en unos 1.000 megavatios las reservas de energía geotérmica, limpia, autóctona y explotable a corto plazo

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El precio de la electricidad podría subir hasta en un 11% por el predecible efecto del régimen de lluvias del verano. La situación podría ser aún peor de lo previsto, si el fenómeno de El Niño se presenta este año, como lo estiman posible los meteorólogos. La solución está en el abastecimiento eléctrico con otras fuentes de generación, y eso también es sabido.

Nadie desconoce, por otra parte, el efecto de las constantes alzas del precio de la electricidad en el bolsillo de los consumidores, su fuerte impacto sobre la competitividad de la industria nacional y sobre la capacidad del país para atraer inversiones. A fin de cuentas, el precio de la energía es también un problema de producción y empleo.

El país, dice la Cámara de Industrias, perdió 3.000 pequeñas industrias en el decenio entre el 2002 y el 2012. El consumo industrial de electricidad ha venido disminuyendo y el precio está entre los factores más nocivos para la competitividad, según las encuestas practicadas entre los asociados de la organización gremial.

Conocidas son, además, las fuentes autóctonas de energía con que contamos y las ventajas ecológicas de explotarlas en lugar de quemar combustibles fósiles, cuya utilización intensiva en tiempos de sequía explica el alza de precios proyectada para los próximos meses.

Es mucho más difícil saber cómo un manojo de prejuicios consigue impedir el desarrollo de la geotermia, pese a su abundancia en el subsuelo y su conveniencia para la economía, la ecología y el bienestar general. En vista de los aumentos esperados a partir de abril, la Cámara de Industrias renovó su llamado a concentrar esfuerzos en la explotación de la geotermia, para lo cual hace falta voluntad política de la próxima Administración y una importante reforma legislativa.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) estima en unos 1.000 megavatios las reservas de energía geotérmica, limpia, autóctona y explotable a corto plazo, pero no puede tocarlas por falta de acción política y legislativa. El desperdicio de esas fuentes energéticas se mantendrá mientras la ley no permita hacer los trabajos necesarios en los parques nacionales creados alrededor de los volcanes.

Impulsores de la geotermia han planteado medidas compensatorias para la limitada afectación de los parques, como el pago de un canon destinado a darles el mantenimiento del cual hoy carecen y la sustitución de los terrenos empleados para la generación eléctrica por otros predios aledaños, incluso en cantidad suficiente para ampliar la extensión de los terrenos protegidos. Sin embargo, el argumento más convincente frente a las objeciones ecológicas es el recuerdo de los 122 millones de litros de hidrocarburos quemados al año, solo por la planta de Garabito, que lanza al ambiente los contaminantes de efecto invernadero producidos por la combustión.

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La geotermia, además de limpia, independizaría al país de los caprichos del clima, cuyo efecto se sentirá cada vez con mayor fuerza, sobre todo, en la capacidad de generación hidroeléctrica. Según los científicos, el istmo centroamericano estará entre las regiones más castigadas por el cambio climático y, lejos de contribuir a provocarlo, Costa Rica debería planificar para enfrentar sus consecuencias, al tiempo que desarrolla una agresiva política exterior contra las prácticas nocivas de las grandes economías mundiales.

Lo dicho vale, también, para la generación eléctrica privada. Si hay inversionistas dispuestos a destinar recursos propios a producir energía limpia bajo control de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos y a menor precio, no hay motivo para impedírselo. Las necesidades del país son suficientes para justificar el aprovechamiento de todas las fuentes posibles de energía y es hora de adoptar una política energética realista, coherente con las exigencias del desarrollo y de nuestra pregonada vocación ambientalista.

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