Por: Juan Carlos Hidalgo 21 mayo

Costa Rica tiene un serio problema estructural de alto desempleo. Y por “estructural” me refiero a que no se va a arreglar por sí solo o con la llegada de algunas empresas extranjeras. Se requieren reformas estructurales importantes. Lamentablemente, casi nadie se atreve a plantearlas.

Primero, repasemos la gravedad del problema. En el primer trimestre del 2017 el desempleo fue del 9,1%. Ha permanecido por encima de ese umbral la mayor parte de la década. El empleo informal aumentó 1,8 puntos porcentuales a un 43,2%. Ominosamente para la propaganda oficialista, en este gobierno solo se han creado 12.000 puestos de trabajo netos. Estos datos revelan un mercado laboral deprimido a largo plazo, lo cual tiene serias consecuencias en otras áreas como disminución de la pobreza, sostenibilidad de las pensiones y bienestar general de la población.

El elefante en el cuarto en esta discusión son las cargas sociales. En Costa Rica, un patrono paga un 26,33% del salario de un trabajador en contribuciones a la seguridad social, INA, asignaciones familiares, etc. Este es el porcentaje más alto de América Latina y sería uno de los más altos de la OCDE si perteneciésemos a ese club. Las cargas sociales cumplen un objetivo, pero eso no elimina su naturaleza de gravamen al trabajo. Y así como los altos impuestos a los cigarrillos buscan disuadir el fumado –y acarrean la consecuencia no deseada de promover el contrabando– las elevadas cargas sociales tienen un efecto similar sobre el trabajo: fomentan el desempleo y la informalidad.

Esta situación promete agravarse conforme los cambios demográficos y la pésima administración de la CCSS lleven a las autoridades a aumentar las cotizaciones con el fin de darle sostenibilidad a la seguridad social. La única consecuencia previsible es un mayor deterioro del mercado laboral.

Otro factor que afecta el empleo –y que también es tabú mencionarlo– es el salario mínimo. Costa Rica cuenta con el salario mínimo más alto de América Latina para un trabajador genérico no calificado (excepto por una categoría en Panamá). En años recientes, varios estudios han documentado cómo el salario mínimo tiene un impacto negativo significativo en las cifras nacionales de empleo.

No podemos seguir esperando a que la solución al alto desempleo nos caiga del cielo. Debemos tener un debate abierto y honesto sobre las cargas sociales y el salario mínimo en el país.