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Pensiones

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Los verdaderos propósitos de la Ley de Protección al Trabajador no pueden estar más claros, especialmente ahora que su principal impulsor, el expresidente Miguel Ángel Rodríguez, confirma lo dicho por los diputados de la época, entre ellos el socialcristiano Wálter Céspedes: nunca hubo intención de gravar las pensiones creadas por la visionaria legislación.

La administración pasada decidió lo contrario y aplicó una reforma al impuesto sobre la renta tramitada años antes, con propósitos muy diferentes. Esa reforma gravó las pensiones para poner coto a los abusos de los regímenes de privilegio y equilibrar, en algo, los egresos de los sistemas existentes en su momento.

Precisamente por las debilidades detectadas en esos regímenes, el Estado propuso a los trabajadores complementar, con el sudor de su frente, el previsible decrecimiento del valor de las pensiones futuras. Para estimularlos a ahorrar, les ofreció incentivos fiscales. Ahora pretende arrebatárselos y, de paso, herir de muerte a una de las más valiosas piezas de legislación de los últimos años.

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