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Actualizado el 08 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Me pareció muy acertada la entrevista de Patricia Leitón, de La Nación , a Olivier Castro, presidente ejecutivo del Banco Central, y, mejor aún, sus respuestas. El país tiene ahora mayor claridad sobre el tipo de cambio y el futuro del régimen cambiario.

Yo no puedo hacer menos que expresar mi complacencia por lo leído y externar opinión sobre un tema de gran relevancia nacional. El punto medular es que Costa Rica necesitaba migrar del régimen de minidevaluaciones a otro más flexible para poder controlar mejor la inflación, y combatir la dolarización de activos y pasivos que, de hecho, se observaba. Con ese fin, propuse a mi Junta Directiva en 1992 liberar el régimen cambiario.

La flotación se abortó por las razones explicadas en mi libro Del cambio fijo a la liberación cambiaria. Pero, al menos, quedó un legado: la Directiva dejó de fijar formalmente el tipo de cambio y abrió espacio al mercado. Años después, Francisco de Paula Gutiérrez convenció a sus directores de liberalizar un poco más el régimen cambiario, y nacieron las bandas como régimen temporal. Rodrigo Bolaños las continuó y, al final, impulsó una reforma para implementar una especie de flotación administrada, pero sin derogar formalmente las bandas.

Ahora le toca el turno a Olivier Castro, nuevo jerarca del BCCR. En campaña, se inclinó por estrechar las bandas, pero las circunstancias eran otras. En la entrevista de ayer dejó muy claro que, tras una devaluación del 8%, ya el tipo de cambio se encuentra en una zona de confort y que, con base en las últimas resoluciones de la Junta Directiva anterior para intervenir en el mercado cambiario (intervención “intradía” e “interdía”), el BCCR está en una buena posición para “echarle una manita” al mercado y preservar su equilibrio. Ese nivel, en buena teoría económica, debe reputarse flexible y adaptable al cambio de “factores fundamentales”.

Lo más importante de su declaración es su convicción de que ya no hace falta estrechar las bandas y que, en su oportunidad, hay espacio para derogarlas y migrar formalmente a la flotación administrada, más flexible y conducente a mejorar la lucha contra la inflación. Ese mismo criterio lo hemos expresado varios economistas en diversos foros y seminarios, incluyendo a Eduardo Lizano, Miguel A. Rodríguez, Norberto Zúñiga y Juan Muñoz, entre otros. Yo me siento muy complacido, pues tengo la convicción de que sería una reforma trascendental para el país. Y, aunque siempre me inclino por mayor flexibilidad cambiaria, reconozco que, para llegar lejos, a veces hay que llevarla suave. Les deseo a Olivier Castro y a sus compañeros de Junta Directiva la mejor de las suertes.

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Jorge Guardia

Abogado, economista y columnista de La Nación. Fue presidente del Banco Central y consejero en el Fondo Monetario Internacional. Es además profesor de economía y derecho económico en la Universidad de Costa Rica.

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