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Familias sin empleo

Actualizado el 14 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Familias sin empleo

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La pérdida de empleos es siempre relevante, pero, tratándose de jefas de hogar con baja escolaridad, como es el caso de una mayoría de las 1.250 personas despedidas a partir de noviembre por la Textilera Cartex, debe ser un tema de reflexión y reacción nacional.

Sumados los de Intel, son casi 3.000 empleos que los costarricenses perdemos y los vietnamitas ganan. Como lo dije cuando se anunció el cierre de manufactura de Intel, si bien la decisión de traslado tiene componentes propios de esa empresa, como lo fue la subvaloración de los mercados móviles, y en el caso de Cartex también las hay: estar más cerca de los suplidores de tela, la realidad es que también hay condiciones y razones que restan competitividad a nuestro país.

Temas como la poca flexibilidad de la jornada laboral, carencias en infraestructura portuaria y aeroportuaria, por no mencionar también nuestra deficiente red vial, excesiva tramitología, la amenaza de un cambio del régimen fiscal, además del altísimo costo de la energía eléctrica, provocan que las empresas, “por decisiones estrictamente de negocio”, decidan abandonar un país que les cobijó por casi 40 años, pero que da pocas o nulas señales para retenerlos.

Con la pérdida de 12.000 empleos en los últimos diez años, estamos conscientes de que Costa Rica, cada vez más, ha dejado de ser un destino atractivo para la manufactura textil, y hace bien el país en promover la atracción de inversiones que demanden mano de obra más calificada. Una decisión estratégica, pertinente e importante.

No obstante, esto no impide que Costa Rica desarrolle un plan para la retención de las 60 empresas que aún están aquí, con sus equipos de trabajo, inversión en maquinaria e infraestructura, y que, además, nos conocen, valores claves también a la hora de tomar una decisión como es salir de un país.

Se trata, además, del salvataje de 8.000 empleos, medio de subsistencia de miles de familias, que, al igual que en el caso de Cartex, dependen del ingreso único de la jefa de hogar, para quien resultará muy difícil encontrar otro trabajo. ¿Serán una responsabilidad más para el Estado?

¿Por qué no elaborar un plan de retención que incluya incentivos fiscales, precios diferenciados de energía (periodo establecido), apoyo técnico para la reconversión industrial, y capacitación con énfasis en innovación y productividad?

Para un Gobierno que acertadamente pretende promover la generación de empleos, le recuerdo que es más fácil retener uno existente que crearlo, y que la receta exitosa en otros países del mundo es la articulación de esfuerzos entre el sector público y privado como socios estratégicos en el crecimiento.

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