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Cartas a la Columna

Actualizado el 29 de julio de 2013 a las 12:05 am

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La muerte de un hijo

¿Adónde van los hijos tras dejar a sus madres?

Todas las madres decimos que nuestros hijos son lindos y simpáticos, pero mi hijo, Walter Steffen, fallecido en la mañana del jueves 18, fue, desde que nació, un niño hermoso, simpático, “entrador” –como decimos en Costa Rica– y lleno de esperanzas para el futuro.

Fue padre de cuatro hijas: dos que viven en Tailandia –arquitecta una y pintora la otra–, y de dos adolescentes, estudiantes residentes en Florida, que vinieron a acompañar a su papá en su gravedad, pero llegaron tarde.

Entusiasta, emprendedor, desempeñó en Estados Unidos una carrera brillante en hotelería, que estudió en Suiza y Brasil. Fue un viajero incansable y desarrolló, en los últimos años de su vida, un interés por la poesía, que ejerció en Facebook e Internet.

Durante las semanas que pasó en el Hospital San Juan de Dios, los libros lo marcaron como lector incansable.

Mi hijo, mi precioso hijo, se ha ido.Me pregunto: ¿adónde van los hijos cuando dejan a sus madres?

Inés Trejos, viuda de Montero

San José

Millones para Parrita

El pasado viernes 19 de julio, la Presidenta de la República, Laura Chinchilla Miranda, hizo una gira por el Cantón de Aguirre (Parrita). Allí dio a conocer que durante su administración se han destinado ¢13.500 millones de colones a la inversión social en este cantón puntarenense.

Se destacan, entre otros: ¢7 mil millones para la construcción de la nueva clínica, ¢2.526 millones en programas sociales, ¢2.214 millones en vivienda, ¢500 millones en la construcción de nuevo hogar de ancianos, ¢375 millones en la nueva escuela, ¢288 millones en salones comunales,¢200 millones en alcantarillados y ¢180 millones en centros de cuido infantil.

Estos datos contrastan completamente con los aportados en la nota periodística que publicó La Nación el pasado sábado 20 de julio, cuando tan sólo se hace alusión a que en ese cantón se construyeron un asilo de ancianos, un acueducto y un nuevo centro de salud para la comunidad.

Es la más grande inversión social que se haya hecho en este cantón, sumando las cuatro administraciones anteriores. Para hacer realidad esta alta inyección de recursos, participaron instituciones como Dinadeco, IMAS, Ministerio de Vivienda, Ministerio de Educación y la Junta de Protección Social, entre otros.

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Jorge Protti Matteucci

Director de Prensa Casa Presidencial

Cierre de hospital en fines de semana

Es muy satisfactorio ver cómo nos piden y motivan a que tratemos de la mejor manera posible a nuestros adultos mayores, los cuidemos y no los agredamos, a fin de que no se sientan inútiles.

Sin embargo, el Hospital Blanco Cervantes, hospital del adulto mayor, está cerrado los fines de semana y no reciben ni emergencias. El pasado sábado 20 de julio, a mi madre le dio un derrame cerebral y terminó en Emergencias del Hospital Calderón, donde había muchísima gente, incluyendo a muchos adultos mayores que, como mi mamá, debieron ir también a otros hospitales.

Además, había un privado de libertad, con su custodio, que gritaba que era inocente, y ebrios con las caras golpeadas, también gritando. Pero, si los adultos mayores tienen su propio hospital, ¿por qué han de presenciar estas situaciones tan impresionantes?

Los médicos y enfermeras de Emergencias del Hospital Calderón se portaron a la altura e hicieron todo lo que podían, sin suficientes suministros, equipos, camillas, sillas de ruedas y demás. Por otro lado, los paramédicos no podían continuar atendiendo sus emergencias, debido a que no había camillas para poner a mi mamá, pues ella estaba en la camilla de la ambulancia, y, a la salida, tampoco había sillas de ruedas y la ambulancia, para llevarla de regreso a la casa, tardaba tres horas en llegar.

El Hospital Blanco Cervantes no debe estar cerrado. Sin embargo, lamentablemente, las autoridades no ponen atención a estas situaciones.

Nuestra población del adulto mayor cada vez es más grande y aumentará en el futuro.

Rita María Montoya Feoli

San José

Cargo automático

En el 2004, contraté un seguro de incendio con el INS por ¢238,400 anuales y para facilitar los trámites, firmé una autorización de cargos automáticos a mi tarjeta. En el 2010 me cobraron ¢1.116.597 por el mismo seguro, sin ningún aviso oficial del INS. Recomiendo a todos los asegurados no firmar cargos automáticos y exigir a su agente el envío de facturas o recibos.

Erwin Eller

Escazú

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