La comisión permanente del Consejo Nacional de Rectores(Conare) organizó, el miércoles pasado, el Encuentro Nexo Universidad Empresa con el propósito de echar las bases de un sistema nacional de innovación que sustituya, como informamos oportunamente, el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología vigente.
El tema de la innovación, instrumento imprescindible de desarrollo del país, figura, en forma sobresaliente, en el plan de largo plazo Estrategia del Siglo XXI, elaborado por un selecto contingente de expertos costarricenses con miras a forjar un país desarrollado antes del año 2050. La ministra de Ciencia y Tecnología, Eugenia Flores, anunció, en este encuentro, una propuesta de evaluación del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, en los próximos tres meses, punto de partida, enriquecido por un debate nacional en la materia, para realizar el sistema nacional de innovación.
Por su parte, la rectora de la Universidad de Costa Rica y presidenta de Conare, Yamileth González, esbozó una serie de iniciativas encaminadas a consolidar los vínculos entre la academia y el sector privado.
Este encuentro fue otra bocanada de aire fresco que, de seguro, trazará nuevos derroteros para la academia, en su dimensión didáctica e investigativa, para la empresa y para el desarrollo de la ciencia y la tecnología en nuestro país. Con igual actitud acogemos el valioso aporte de Conare en el campo educativo, plasmado en el documento “Hacia un modelo educativo para elevar la calidad de la educación costarricense”, “una propuesta de políticas, estrategias y acciones”, entregado al Gobierno el martes anterior. Como puede observarse, se trata de cuestiones esenciales para el futuro del país en campos vitales, como la educación, la ciencia, la tecnología, la innovación, y, como procedimiento o medio indiscutible, la colaboración, según hemos expresado, entre la academia y el sector privado.
Estas iniciativas, este esfuerzo intelectual y de organización, y esta creación de puentes entre actores decisivos para el desarrollo de Costa Rica contienen un fecundo mensaje formativo en el seno de las universidades, en el ámbito de la empresa y en la sociedad costarricense. Por nada del mundo debemos perder esta oportunidad. La primera enseñanza de esta labor mancomunada, primero en la reflexión y, luego, en la acción, es la toma de conciencia de que no es posible el desarrollo sin una visión compartida de su necesidad, de sus medios y de sus fines, esto es, sin conciencia del desarrollo pensado y realizado en un marco de unidad. La tarea es demasiado compleja y urgente para que la desunión, alimentada por los prejuicios, por el sectarismo político o ideológico, o por el personalismo, nos siga manteniendo anclados en el subdesarrollo.
Resaltamos este aspecto de formación o de reforma mental. Posiblemente, aquí se encuentra la causa principal de nuestro rezago y, sobre todo, del poder destructivo de nuestros temores. Por ello, una minoría ha logrado –en estos años, por la incompetencia política, la corrupción, los prejuicios, las simplificaciones conceptuales y la paranoia ideológica– entorpecer el avance del país. Es, por ello, un imperativo básico liberarse de estos temores y de estos poderes, aceptar los retos de la apertura, de la competencia y de las reformas necesarias internas, y poner en marcha a Costa Rica. La política, la academia y el sector privado están llamados a realizar este cambio como obligación ciudadana y en atención a sus propios estatutos.