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Ojo crítico

Detrás del sainete

Actualizado el 09 de mayo de 2004 a las 12:00 am

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Hundidos en el internismo partidario y en el cortoplacismo romo, nuestros políticos no perciben las corrientes profundas de la vida nacional, el estado de ánimo de la gente, ni el repudio generalizado frente a sus errores. Por eso no ven que los representantes están muy por debajo de sus representados y que el desfase entre electores y elegidos se ha agudizado, lo que hace imperativo y urgente modernizar el régimen político.

En su informe, el Presidente no señaló nortes ni perfiló estrategias. Hizo una larga lista de obras, en que estuvo ausente una autocrítica profunda y sincera. Presentó al Gobierno como adalid contra la corrupción, justo cuando el presidente de la Caja hacía una “fuga hacia delante”, continúa sin aclararse el bien acompañado viaje de los funcionarios del ICE y está aún pendiente el escándalo de la financiación electoral. ¿Con cuánto habrá contribuido la Corporación Fischel? ¿Con nada? ¡Ah, bueno!

La elección del directorio desembocó en un rejuntado político frágil e inestable. El PLN, fingiendo que no hay cogobierno, negó sus votos al PUSC y renunció a construir alianzas inteligentes. Gracias a ello, su fracción pudo votar unida por su candidato, pero solo cuando se aseguró de que no ganaría. Esto les permitió a las demás fracciones ingresar al Directorio y a los libertarios obligar al PUSC a asumir compromisos significativos.

Sin duda, el PLUSC es el que cogobierna y de su minicúpula es de donde viene el paquete fiscal, lo único importante que esa “mini” ha propuesto, porque en el caso del TLC fueron los Estados Unidos los de la iniciativa. Como tales acuerdos se hacen a espaldas de las fracciones, de la Asamblea y de los partidos, resulta que con ello se están enviando al desván de lo inservible, elementos esenciales de nuestra institucionalidad democrática. ¡Qué bien!

Los dirigentes del PLUSC han sido incapaces de autocriticar sus errores, discriminar con claridad lo que caducó de sus ideologías, y elaborar un planteamiento ideológico y programático alternativo, coherente y estructurado. De esas carencias surgió que este sea el momento de los socialconfusos, que, sin norte, van cargados de sinapismos personalistas y plutocráticos.

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Este primero de mayo, frente al neoliberalismo del Libertario, nada pudieron hacer el eticismo y personalismo del PAC, el quita y pon ideológico del socialcristianismo, intercambiable –según el cálculo personal– por neoliberalismo, computadoras y quizá –¿por qué no?– karaokes; ni mucho menos una socialdemocracia devaluada, degenerada primero en socialburocracia y, más recientemente, disminuida a un grupo de “progres”, que –eso sí– llevan en sus hombros a una poderosa plutocracia, desbordante de sonrojos neoliberales. Como que varias tumbas amenazan con abrirse.

Por eso, los ganadores fueron los libertarios: impusieron su agenda y capitalizaron los torpes e inútiles disimulos del PLUSC, aprovecharon la desarticulación del Bloque Patriótico, nulificaron a un autoaislado PAC y quedaron con las manos totalmente libres: si se cumplen los compromisos, excelente; y, si no, tendrán toda la fuerza moral para reclamar. Como que los dioses ciegan a quienes quieren perder.

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