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Página Negra Robin Williams: ¡Mork llamando a Ork..!

Actualizado el 16 de agosto de 2014 a las 11:55 pm

Detrás de su imagen amable y risueña existía un ser adolorido, fatigado por la soledad, abrumado por el abandono infantil e insatisfecho con su destino: hacer reír, enternecer al mundo y terminar como un actor suicida.

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LatinStock/Corbis para Teleguía

“¡Nano, nano! Aquí Mork despidiéndose para siempre”. Enfermo de pesar, muerto de tedio y cansado de la vida – como el cómico Garrick– encontró para su mal remedio el suicidio.

El demonio anda suelto en Hollywood y esta vez se topó una buena presa, que le anduvo esquiva por casi 20 años y este lunes –¡nada como un muerto fresco!– se la encontró de sopetón.

Ya en febrero se había dado un atracón con Philip Seymour Hoffman; siguió con los huecitos de Paul Walker, sin contar los que cayeron por ancianos o enfermos. Esta semana le tocó el turno a Robin Williams.

Le bastaron una faja y el marco de un clóset para guindarse del cuello y balancearse como un péndulo, acicateado por una profunda depresión y una recaída en el alcoholismo.

Ante semejante batacazo la ciudad de los sueños falsos despertó y reaccionó estupefacta, como si fueran una novedad este tipo de sacrificios humanos en el ara de los comerciantes del celuloide.

La vida de Robin fue una colección de fantasmas guardados en el armario. Escándalos, adicciones, tres matrimonios al saco, entradas y salidas de centros de desintoxicación y la espeluznante denuncia de una camarera de cocteles, que lo acusó de pegarle un herpes.

Probó la cocaína a los 19 años; la matizó con el alcoholismo y aunque pasó 20 años alejado del vicio recayó en el 2006; a inicios de julio de este año fue internado en The Lodge, una clínica en Minnesota, con tal de prevenir una desgracia que, a fin de cuentas, ya estaba en su sino.

La soledad y el miedo, como reconoció muchas veces, fueron los Perros de Tíndalos que lo persiguieron sin que el humor de sus personajes alumbrara la oscuridad de su vida.

Robin McLaurin Williams no llegó a la tierra en un huevo, como el alienígena Mork, sino de la manera trivial en que suelen hacerlo los humanos, el 21 de julio de 1951 en Chicago. Su madre Laurie descendía de un gobernador de Misisipi; el padre, Robert, era un importante ejecutivo de la Ford.

En 1982, Robin Williams interpretó a  T.S. Garp en la película   The World According to Garp .  |  AP
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En 1982, Robin Williams interpretó a T.S. Garp en la película The World According to Garp . | AP

Creció solo en una gigantesca propiedad familiar, donde se refugió para evadir el acoso y las burlas de sus compañeros de colegio; ahí, en las afueras de Michigan, entretenía con sus bromas a Laurie y jugaba con una vasta colección de dos mil soldaditos. “Ellos eran mi única compañía, mis únicos amigos y llenaban mi imaginación” comentó Robin.

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Robert pasaba mucho tiempo fuera del hogar, ocupado en sus negocios; la madre estaba siempre en sus “rollos” y al pequeño solitario lo mimaron las criadas; entonces desarrolló una especie de síndrome del niño abandonado, temeroso y apocado.

Ante la jubilación temprana del padre, la familia se fue a vivir a California y Williams terminó la secundaria en 1969; sus compañeros lo describieron como “un futuro fracasado” pero “el más divertido”.

Aparte de su gusto por los deportes desplegó un interés particular por la actuación; tras un breve paso por la carrera de ciencias políticas fue uno de los 20 alumnos aceptados en Julliard y entre los dos recibidos por John Houseman, para el Programa Avanzado de esa prestigiosa escuela actoral.

Recién graduado consiguió trabajo en clubes nocturnos hasta que fue elegido para el papel del extraterrestre ‘Mork’, en 1974; la fama lo alteró y comenzaron sus problemas con el alcohol y las drogas.

En una entrevista con ABC bromeó al respecto: “La cocaína es la manera que tiene Dios de decirte que estás ganando demasiado dinero”. En los 70 y 80 frecuentó las fiestas locas de Studio 54; compartió las noches de juerga con Andy Warhol y paró, de pronto, cuando su amigo John Belushi murió por una sobredosis de heroína.

Después de la televisión pasó al cine y filmó Popeye , dirigida por Robert Altman, que fue un rotundo fracaso. A trancas y barrancas alcanzó su primer éxito cinematográfico con Buenos días, Vietnam que le aportó el Globo de Oro y con En busca del destino, obtuvo el Óscar en 1998.

Poseía un don innato para hacer reír, gracias a una mezcla de humor, ternura y tristeza, atravesada por un corazón torturado.

Reirás, llorarás

Los papeles de profesor le caían al pelo, ya fuera el inolvidable John Keating en la Sociedad de los poetas muertos , o Lance Clayton, en El mejor padre del mundo , un perdedor cuyas poesías solo se imprimían en tarjetas de cumpleaños.

Como curiosidad escatológica, en esa película, el hijo de Clayton –Kyle– muere estrangulado en su propia habitación a raíz de un percance autoerótico; para evitar la vergüenza Lance inventa que el joven se suicidó y escribe una nota y un diario de Kyle, que lo catapulta a la fama literaria.

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Y, para los amantes de los detalles necrológicos, en el tercer capítulo de la serie televisiva Mork y Mindy , una de las primeras actuaciones de Robin, este duerme de cabeza en un clóset.

Una combinación de ambos hechos ficticios se materializaron la mañana del lunes 11 de agosto, cuando su asistente personal entró al cuarto de la estrella y lo encontró suspendido en el aire –como una percha humana– enganchado por el cuello a la parte superior de un armario.

El cadáver estaba frío y en proceso de rigidez; unas cortaduras leves en la muñeca izquierda hacen presumir a los forenses que el actor intentó morir por un medio más expedito. Cerca del cuerpo encontraron una navaja con una sustancia roja y seca, similar a la sangre.

Uno de los tantos momentos memorables de la serie   Mork & Mindy  fue cuando, durante la filmación de un episodio, Williams  salió como porrista.  |  AP
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Uno de los tantos momentos memorables de la serie Mork & Mindy fue cuando, durante la filmación de un episodio, Williams salió como porrista. | AP

Tampoco el cadáver presentó signos de violencia; pasarán varias semanas para saber si Robin estaba drogado cuando buscó la salida fácil del laberinto en que vivía.

La carrera artística de Williams abarcó filmes de aventuras, como Jumanji o Hook ; otros de suspenso, entre ellos Retratos de una obsesión ; actuó en dramas del nivel de Despertares y rodó algunos de ciencia ficción, tal fue el caso de El hombre bicentenario .

Compartió camerino con grandes directores: Woody Allen, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y Cristopher Nolan; igualmente hizo pareja con toda suerte de figurones de la pantalla.

Dejó a punto de estreno varias cintas, que sin duda estallarán las taquillas, porque los muertos venden más que los vivos: Absolute Anything ; Mery Friggin Christmas ; Boulevard y la tercera parte de Una noche en el museo . Quedó en el tintero la segunda parte de Mrs. Doubtfire .

Ya bajo tierra removerá la superficie con el controversial tema de Boulevard , donde encarnó a un hombre casado que descubre su homosexualidad y traba relación con Leo, un prostituto joven interpretado por Roberto Aguirre.

El crítico Peter Debruge, de la revista Variety , escribió: “Aprovechando esa misma soledad sentida en Retratos de una obsesión  y Mente indomable , el actor proyecta un lamento tan profundo e identificable, que los espectadores no tendrán problema con conectarse con eso, sin importar que es lo que falta en sus propias vidas –sean lamentos románticos, sexuales, profesionales o espirituales–”.

Jueves de recuerdos

En cada actuación Robin dejaba una enseñanza. Desde niño inventaba voces para entretenerse y cuando ingresó a Julliard, su profesor Houseman le dijo que no perdiera el tiempo y se dedicara a la comedia.

De joven entabló amistad con Christopher Reeve, pero nunca se imaginó que Reeve terminaría como Superman y él de Popeye. Tal vez, por no tomarse demasiado en serio, llegó a ser el ídolo de muchos niños por sus papeles de hombre despistado y amigo de las guasas.

Aunque interpretaba personajes asexuados llevó una vida sentimental muy agitada y fue un pícaro contumaz con las mujeres. Su primera esposa fue Valeri Velardi con quien tuvo a Zachary; se divorciaron tras diez años de matrimonio debido a sus lances con la mesera Michelle Carter.

Intentó rearmar su corazón con la niñera Marsha Garcesy y se casó con ella cuando quedó embarazada de Zelda; más tarde alumbró a Cody. Ella lo estabilizó y ambos trabajaron juntos en varias películas.

Su recaída en el alcoholismo derrumbó la relación y se separaron en el 2010. Luego confesó a la revista Parade : “Un día entré a una tienda y vi una botella de Jack Daniels, una voz me dijo que probase un trago, que no pasaría nada. Lo hice y me sentí bien; todo iba muy rápido y tuvieron que llevarme alzado al piso de arriba”.

Robin Williams entendió que la vida es una breve mascarada, donde se aprende a reír con llanto y a llorar con carcajadas

Con su tercera y última esposa, Susan Schneider, halló de nuevo la sonrisa. Ella es diseñadora gráfica y se mantuvo al margen de la fama de su marido, discreta y lejos del show business . La viuda dijo a The New York Times : “Esta mañana perdí a mi marido y a mi mejor amigo”.

Días antes de morir describió a su hija Zelda como su bebecita, si bien cumplía 25 años. Ella lo recordó en Twitter con un texto de El Principito , de Antoine de Saint-Exupéry: “Solo tú tendrás las estrellas como nadie las tiene... En una de ellas estaré viviendo. En otra de ellas estaré riendo. Entonces será como si todas las estrellas estén riendo cuando mires al cielo por la noche... Tú –y solo tú– tendrás estrellas que pueden reír”.

Así como Mork, del planeta Ork, vino a La Tierra para aprender de los humanos, Robin Williams entendió –como Garrick– que la vida es una breve mascarada, donde se aprende a reír con llanto y a llorar con carcajadas.

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