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Dirigida por José Zayas

Crítica de teatro de 'La isla de los hombres solos': En el vergel bello

Actualizado el 07 de septiembre de 2016 a las 03:28 pm

La isla de los hombres solos, en escena en el Teatro Espressivo, nos enfrenta a temas dolorosos de nuestra historia.

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Crítica de teatro de 'La isla de los hombres solos': En el vergel bello

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Ensayo de la obra 'La isla de los hombres solos' del escritor José León Sánchez con la dirección de José Zayas. En la foto Pablo Morales como "Jacinto" Preso 1713. (Melissa Fernández)

En esta isla no se aprecian playas salpicadas de espuma, ni gaviotas en el azul del horizonte. Tampoco hay una anécdota de proporciones épicas o un conflicto intrincado y llamativo. Por el contrario, solo hallaremos la aridez de una plataforma circular escoltada por monolitos y la cruda presencia de un grupo de cuerpos masculinos entrenados para infligir y recibir dolor.

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José Zayas convierte esta variante teatral de La isla de los hombres solos en una eficaz maquinaria alimentada por una notable labor actoral. Desde antes, el libreto ha exprimido la novela de José León Sánchez hasta reducirla a diálogos, frases y palabras sueltas. Esa especie de esencia verbal –dura y soez– documenta los pesares de aquellos reos y canaliza sus denuncias, todavía vigentes.

El elenco acciona a partir de secuencias de movimiento que sintetizan sus principales actividades en el presidio. Siguiendo esta línea, los reos reproducen los trabajos forzados a los cuales están sometidos y los guardias, las torturas que aplican sin límite. El carácter repetitivo y mecánico de los movimientos transforma estos pasajes en evoluciones coreográficas de gran fuerza visual.

Un ejemplo representativo de dicha estrategia está en la escena del linchamiento. El avance circular de los gendarmes alrededor de los reos es congruente con el diseño espacial y con el tema de la agresión rutinaria y cíclica, por no decir infinita. Aquí la violencia aparece ritualizada, como si fuera una ceremonia perversa para arrancar de cuajo cualquier remanente de dignidad.

Mientras eso sucede, los reos cantan La patriótica costarricense. Ese gesto critica la visión idílica de nuestro país y refuerza la idea de lo coral. En este contexto, el coro no solo remite a la música. También alude a los grupos actorales de la tragedia grecolatina que operaban como una sola entidad. Y es que, a fin de cuentas, los personajes de la obra se funden en un cuerpo colectivo cuyo destino es trágico.

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La plástica y la música crean las atmósferas y texturas adecuadas para redondear el espectáculo. Los sucios monolitos del dispositivo escénico son la síntesis de las paredes de la cárcel. Sobre ellos se proyectan grafitis hechos por los antiguos privados de libertad de San Lucas. Sin duda, estos materiales son más interesantes que los videos figurativos del mar u otro tipo de paisajes.

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El montaje logra rescatar el valor documental y la actitud de denuncia de la novela de Sánchez. Al mismo tiempo, apuesta por el cuerpo de los intérpretes como recurso para construir imágenes impactantes y llenas de dolorosa poesía. Todo esto lo hace de manera respetuosa y con una sincera empatía por el sufrimiento de aquellos hombres solos.

Finalmente, la obra llega –más que oportuna– en un momento en el que nuestro sistema penitenciario es sujeto de debate por violentar la dignidad de sus usuarios. A pesar de los años transcurridos, el espíritu de San Lucas prevalece en esta otra isla donde son cada vez menos quienes aún viven en el vergel bello de aromas y flores.

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FICHA ARTÍSTICA

Dirección: José Zayas

Asistencia de dirección: Katia Mora

Libreto: Caridad Svich (basada en la novela homónima de José León Sánchez)

Actuación: Pablo Morales, Carlos Alvarado, Antonio Rojas, Melvin Jiménez, Amadeo Cordero, Gerardo Arce, Manuel Martín, Carlos Miranda, Douglas Cubero, Arturo Campos, Isaac Talavera, Erick Córdoba

Producción y utilería: Mariana Ramírez

Asistente de producción y utilería: Carlos Villalobos

Escenografía e iluminación: Emilio Aguilar

Realización escenográfica: Orlando Madrigal, José Antonio Torres, Raquel Mora

Música: Carlos Escalante

Ejecución musical: Jesús Drever, Marianela Cordero, Josué Berrocal

Entrenamiento vocal: Carlos Escalante, Iriabelle González

Vestuario: Francisco Alpízar

Asistencia de vestuario: Patricia Alvarado

Peluquería: Miguel Saborío

Coreografía y movimiento: Humberto Canessa

Sonido: José Manuel Conejo

Diseño de proyecciones: Antonio Calvo

Fotografía: Esteban Chinchilla

Video: Andrés Heidenreich

Técnicos: Andrea Chacón, Antonio Cordero

Espacio: Teatro Espressivo

Fecha: 4 de setiembre del 2016

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