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Clown en el FIA 2014

Crítica de teatro: ‘La carta’ de Paolo Nani

Actualizado el 08 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Crítica de teatro: ‘La carta’ de Paolo Nani

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Paolo Nani sabe que un espectáculo no se puede explicar únicamente por lo que sucede sobre el escenario. Más bien, lo que acontece en escena es apenas la cara visible de un proceso más complejo y, además, el pretexto para inaugurar una especie de relación amorosa entre el intérprete y sus espectadores. Este vínculo –como cualquier otro– puede correr el riesgo de la frialdad o escalar, sin obstáculo, hasta la pasión.

Precedido por un extenso historial de premios y críticas favorables, este clown italiano debutó en el FIA 2014 con La carta, un unipersonal del que ha realizado más de mil funciones. Apenas salió a escena, el romance con el público quedó pactado. No hubo preámbulos. El primer encuentro fue contundente y marcó el tono de la velada. ¡Aquello fue mutua devoción y complicidad!

La carta se estructura a partir de un principio simple: una secuencia de acciones es repetida catorce veces, en el mismo orden, pero con diferentes tratamientos. En este caso, un hombre entra a un espacio donde hay una mesa con su silla. Sobre la mesa descansan una botella, un vaso, papel de carta, un sobre, estampillas, un lapicero y una fotografía enmarcada.

El hombre se sienta, colma su vaso, bebe, observa la etiqueta de la botella, se sorprende y escupe el líquido. Luego mira la foto, la gira para no tenerla de frente y escribe. Coloca la carta en un sobre, le pega una estampilla y se levanta. Finalmente, nota que su pluma no tiene tinta por lo que se recrimina y sale.

Paolo Nani  debutó en el FIA 2014, con su show ‘La carta’. Foto: Eyleen Vargas
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Paolo Nani debutó en el FIA 2014, con su show ‘La carta’. Foto: Eyleen Vargas

A esta primera versión realista, le siguen sus respectivas variantes. El mismo acontecimiento es representado en retroceso, con repeticiones, con sorpresa, de manera vulgar y en actitud perezosa. Más adelante, como si estuviera ebrio, haciendo dos cosas a la vez, con sueño, en estilo western , sin uso de las manos, con horror y en las modalidades de cine mudo y circo.

Como espectadores, pronto supimos lo que iba a pasar, pero no cómo iba a pasar, y eso mantuvo la expectativa en un punto alto. Fue como un ejercicio de prestidigitación escénica en el que las variantes impusieron ritmos, texturas y matices muy distintos entre sí y, por lo tanto, inesperados. Cada momento fue más delirante que el anterior. Y como si esto fuera poco, Nani involucró a los espectadores: los provocó, los parodió y los sorprendió casi sin pausa.

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El veterano clown no se guardó nada. Se apoyó en un dominio corporal respaldado por una gestualidad facial estudiada. Utilizó recursos del mimo con un oportuno manejo del timing (realizar cada acción en el momento preciso para lograr un efecto específico). Y como si esto fuera poco, se arriesgó con evoluciones acrobáticas que lo colocaron al borde de una caída que nunca llegó a suceder. Este coqueteo con el riesgo le supuso triunfos sucesivos que la sala celebró con aplausos.

Nani hizo y deshizo a su antojo. No se contuvo. Su destreza corporal, el trabajo con la voz y la pericia en el manejo de cada elemento material del espectáculo lograron que la técnica estuviera al servicio del efecto cómico. En este punto, no se debe desestimar el aporte de una audiencia que recurrió a su bagaje de formatos como el cine mudo y de horror para completar la propuesta del italiano.

Con este amplio instrumental y los saberes compartidos, la historia original logró multiplicarse, abriéndose a nuevas posibilidades narrativas. Sin lugar a dudas, La Carta fue un espectáculo que Paolo Nani le propuso a casi doscientos espectadores para que lo hicieran suyo. Y así fue... En esencia, una efímera, pero apasionada historia de amor epistolar.

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