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Crítica de teatro: ‘Historias para ser contadas’

Actualizado el 26 de julio de 2015 a las 12:00 am

Temporada rinde homenaje al legado de Alfredo Catania.

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Crítica de teatro: ‘Historias para ser contadas’

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Por la vida circulan textos dramatúrgicos sin fecha de caducidad. Su frescura radica en la vigencia de su forma y en la inteligencia provocadora de sus temas. Historias para ser contadas –del argentino Osvaldo Dragún– es un clásico latinoamericano. Estrenada en Costa Rica en 1967, vuelve a nuestras salas luego de haber sido, durante muchos años, la insignia del Teatro Carpa, aquel extraordinario proyecto cultural liderado por Alfredo “Pato” Catania (1934-2014).

Esta versión –dirigida por Vivian Rodríguez– reúne tres de las cuatro historias del libreto original. Todas ellas presentan situaciones inverosímiles como si fueran sucesos cotidianos: un vendedor de lotería llega al delirio por culpa de un absceso mal cuidado; Panchito González asciende en el mundo empresarial a costa de la salud de los sudafricanos. Finalmente, un hombre asume la conducta de un perro guardián a fin de obtener empleo.

Con gestos, | MIRADAS Y  EFICACES DESPLAZAMIENTOS, LO ACTORES LOGRARON QUE LO CÓMICO Y LO REFLEXIVO SE ALTERNARAN PARA CREAR EMOCIONES FLUCTUANTES EN LA AUDIENCIA. MELISSA FERNÁNDEZ/ARCHIVO
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Con gestos, | MIRADAS Y EFICACES DESPLAZAMIENTOS, LO ACTORES LOGRARON QUE LO CÓMICO Y LO REFLEXIVO SE ALTERNARAN PARA CREAR EMOCIONES FLUCTUANTES EN LA AUDIENCIA. MELISSA FERNÁNDEZ/ARCHIVO

El espectáculo arranca en las afueras del teatro. La música y un pregón anuncian la llegada de los actores. En su tránsito hacia la sala, cargan sus maletas e interactúan con la fila del público. Una vez adentro, colocan la utilería y realizan tareas propias de los acomodadores. Esta alusión al teatrero dispuesto a asumir cualquier labor es un claro guiño a Catania y su grupo –artistas que se enfundaban en un overol para hacerle frente a las exigente faenas de su vida nómada–.

Los cinco integrantes del elenco hicieron palpable el recurso brechtiano de la “des-dramatización” (distanciamiento que evidencia el carácter ilusorio del teatro) buscado por el texto. Los cambios de vestuario ante el público, la permanencia ininterrumpida en escena y las transiciones entre actores –con funciones narrativas– y personajes –con funciones dramáticas– fueron ejemplos de mecanismos de distanciamiento bien empleados.

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En todo momento, los intérpretes sostuvieron el intenso ritmo de las acciones. Gestos, miradas y desplazamientos –diseñados de manera eficaz– lograron que lo cómico y lo reflexivo se alternaran para crear emociones fluctuantes en la audiencia. El notable trabajo corporal de Andrea Catania –en las historias de apertura y cierre– fue fundamental a la hora de subrayar lo absurdo de los acontecimientos.

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Lástima que el espectáculo no haya sido igual de sólido en el plano sonoro. El volumen elevado de las piezas musicales y la tendencia a gritar –cuestionable sustituto de la proyección vocal o la intensidad interpretativa– amenazaron la audición de los que estábamos más cerca del escenario. Por suerte, los gritos fueron patrimonio de apenas una minoría del elenco.

Otra escena de la obra ‘Historias para ser contadas’. Melissa Fernández/Archivo
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Otra escena de la obra ‘Historias para ser contadas’. Melissa Fernández/Archivo

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Los elementos escenográficos y de utilería fueron, en su mayoría, cajas, baúles y maletas. Esta elección aludió a la condición itinerante del Teatro Carpa. Las piezas mutaron en sillas, mesas o en construcciones más elaboradas como un barco. Por otra parte, la ubicación de espectadores en dos secciones diagonales a la línea frontal de butacas insinuó una relación “público - espectáculo” más cercana a la circularidad de la carpa que a la frontalidad del “teatro a la italiana”.

Historias para ser contadas fue un homenaje a la altura del legado de Alfredo “Pato” Catania. El video testimonial –proyectado después de la finalización de la obra– dibujó el perfil de un hombre comprometido con la misión de llevar teatro de calidad a cada rincón de este país. Su lucha incansable fue y seguirá siendo un ejemplo del arte vivido desde la integridad, la solidaridad y el talento.

FICHA ARTÍSTICA:

Dirección: Vivian RodríguezDramaturgia:Osvaldo DragúnElenco:Natalia Arias, Ana Clara Carranza, Andrea Catania, Javier Montenegro, Fernando VinocourEscenografía y utilería:Rebeca Woodbridge Iluminación:Giovanni SandíVestuario:Rolando TrejosMúsica:Glendon RamírezEspacio:Teatro de La AduanaFunción:18 de julio de 2015

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