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Crítica de teatro: ‘FAT’: El cuerpo no pasa de moda

Actualizado el 06 de abril de 2014 a las 12:00 am

El cuerpo no pasa de moda

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Crítica de teatro: ‘FAT’: El cuerpo no pasa de moda

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Historias. FAT está montada sobre una sucesión de cuadros en los cuales varios personajes enfrentan situaciones ordinarias y extraordinarias. Fabián Hernández

Si un espectáculo fuera una casa, el cuerpo del actor sería su puerta principal, pero también sus salones, patios y habitaciones. En el cuerpo del intérprete se fundan universos y, aunque esta frase aplica para todas las artes escénicas, el teatro que prescinde de la palabra con vocación informativa nos invita a entrar en territorios más cercanos a la emoción que a la razón.

Así sucedió con el grupo ucraniano Beautiful Flowers –oficiante del espectáculo FAT – presentado en el Teatro Nacional, la noche del viernes. Con una sala casi abarrotada, los ucranianos desplegaron un trabajo cimentado en la expresión corporal y el humor.

FAT es una sucesión de cuadros en la que diversos personajes enfrentan situaciones ordinarias y extraordinarias: cortejar a una mujer o batallar contra unos enseres domésticos que han cobrado vida son algunos ejemplos de las múltiples circunstancias presentadas. Lo absurdo de nuestras conductas queda expuesto en un espejo que nos devuelve la imagen de seres siempre al borde del conflicto. Sin embargo, el encanto de FAT consiste en embadurnar esa visión con una espesa capa de humor.

La utilización de los recursos plásticos potenció el trabajo corporal del elenco. La luz delimitó espacios que transitaron entre el alto contraste y la penumbra. También adjetivó la acción o se mimetizó, por ejemplo, en el reflejo de un televisor imaginario. El escenario apenas contuvo una estrecha puerta que hacía las veces de mampara.

Tres cubos fueron usados lo mismo como sillas o como volante de conducción. La condición polisémica de la utilería alcanzó soluciones imaginativas.

Con este marco, los cinco intérpretes hilvanaron partituras de movimiento muy precisas que, en su conjunto, funcionaron como una máquina que se armaba y se desarmaba a sí misma, generando tensiones, momentos climáticos y resoluciones que mantuvieron atrapado el entusiasmo de la audiencia. El manejo corporal del elenco fue premiado por un público que aplaudió cada cuadro.

Los ucranianos hicieron gala de una generosa paleta de recursos expresivos. Comparecieron el mimodrama (historias construidas a partir de gestos), la pantomima (imitación de una historia verbal), el clown (énfasis en el humor físico) y la danza. Fueron efectivos, también, los pasajes en los que un contraluz y un telón de fondo generaron sombras que interactuaron con los personajes en escena.

La capa sonora del espectáculo fue un componente relevante. La música impuso el ritmo de las acciones, mientras que los efectos sonoros vocales –pregrabados y en vivo– reforzaron lo que podía ser observado y le dieron vida a aquello que debía ser imaginado. De este modo, muchas entidades del espectáculo existieron solamente por su dimensión sonora. La palabra tuvo un tratamiento especial: apenas, en un par de momentos (ambos pregrabados) nos contó algo, por lo que funcionó más como onomatopeya que como signo lingüístico.

Al llegar al último cuadro de FAT , un personaje entra al escenario y camina con lentitud. Peter Brook habría reconocido allí la triada indispensable para que exista el teatro: un espacio vacío, un actor y un público. Con tanto y tan poco, la audiencia no paró de reír por más de una hora.

¿Qué es lo que funcionó tan bien en este encanto pasajero? Fue, sin duda, el cuerpo y su capacidad para convocar mundos sin necesidad de nombrarlos. El trabajo de Beautiful Flowers demuestra que el cuerpo es un signo que no pasa de moda y que, parodiándose a sí mismo, se nos presenta siempre renovado.

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