Revista Dominical

Las vidas remotas del otro Chirripó

No es el cerro; es el territorio indígena que se comunica con Talamanca pero que muy pocos saben que existe. Mientras la educación se abre paso y mejora a su ritmo para estos cabécares, los accesos son complicados y sus costumbres siguen siendo poco entendidas por el mundo occidental.

A Urbano Jiménez lo topamos a varias horas a pie de su casa, en Sitio Hilda. Venía a caballo y así se devolvería.
A Urbano Jiménez lo topamos a varias horas a pie de su casa, en Sitio Hilda. Venía a caballo y así se devolvería. Nicole Alpízar.

Chirripó, Turrialba

La unidad 666 de la Sede del Atlántico de la Universidad de Costa Rica (UCR) se estaciona antes del último puente decente que pasaremos, en las faldas del río Pacuare. Falta una hora para mediodía pero toca almorzar ya. Sándwich de pinto y huevo, patrocinado por Christian Brenes, profesor de informática de la UCR de Turrialba que sueña con vivir al otro lado del río, ahí pa' dentro, lo más cerca que se pueda de la comunidad indígena de Chirripó.

El Chirripó no es solo un cerro. Para los indígenas cabécar (los ditsö –pronunciado ditsé–, como prefieren que les digan) ese cerro que tantos se esmeran por subir para tomarse una foto en la cima no es tan especial. Importa más el río Chirripó, que para ellos se llama Duchí, y que alimenta a numerosas comunidades indígenas. El distrito más grande de Turrialba, Chirripó, es casa de montañas desconocidas hasta para los turrialbeños.

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