
San José (Redacción)
Hace más o menos doce meses, mi amiga Ericka me contó una historia.
Había tomado un bus para ir a la playa. En el asiento de al lado se sentó un muchacho. El muchacho le preguntó hacia dónde se dirigía. Ella le contestó y luego le devolvió la pregunta.
—Voy a probar toros de monta.
Cuando Ericka me narró aquello, me explotó la cabeza. Nunca me había detenido a considerar ese entretelón taurino, ese backstage de las fiestas. ¿Quién decide cuál toro llega al redonde y cuál no? ¿Qué se cuece tras bambalinas de una corrida de todos?
Así, durante un año mascullé la posibilidad de ir a buscar a estos hombres que se ganan la vida siendo el primer –o uno de los primeros– contacto entre un toro y un ser humano.
La oportunidad se presentó hace unas semanas, cuando discutimos, a lo interno de la revista, enfoques distintos para temas que por lo general están asociados al verano y a los primeros meses del año.
Del verano, al verano toreado, a la monta, a los probadores de toros.
El asunto es que la monta de toros no es un asunto de unos cuantos meses, sino algo que se lleva a cabo todas las semanas, en casi todos los pueblos del país.
La monta es un oficio, y los montadores lo toman con la seriedad del caso. Pero también con alegría. "Esta es la mejor vida", me dijo Danilo Garita, un montador de 20 años.
Hasta los estereotipos tienen su lado positivo. Cuando comencé a preparar este trabajo, partí con una idea preconcebida, la que mi entorno me había legado: que la monta es un oficio de gente ruda y tosca, que quienes lo ejercen son gente de pocos amigos, gente afín al pleito, a la botella, a la mala cara.
Topé, en cambio, con gente alegre y simpática, entregada al deporte extremo artesanal por excelencia en este país.
El artículo principal de la venidera edición de la Revista Dominical está dedicado a ellos.
—Danny Brenes

Nuestras páginas también le ofrecerán un resumen de dos temas que han alterado al Internet durante la última semana: el juicio de la cantante Kesha, a quien se le negó la posibilidad de romper relaciones contractuales con su supuesto violador; y el pleito entre el FBI y Apple, que ha puesto sobre la palestra la línea que divide la privacidad de la responsabilidad patriótica.
Por último, un breve repaso al vuelco de la carrera de Lisa Ann, antigua actriz porno que hoy es analista de fútbol americano.
Tinta Fresca, secciones fijas y telefotos. Nuestra receta habitual, disfrútela en papel y en digital este domingo 28.