Revista Dominical

El pito del tren

Está claro: el tren urbano es una obra incompleta y remendada

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De lunes a viernes, apenas sale el sol y tan pronto se pone, el tren parte San José como un zíper. Avanza a toda máquina pero a poca velocidad, una fila india de vagones revueltos: unos fósiles resucitados y otros de segunda mano que vienen a retirarse al trópico, cansados de ser banca en las líneas europeas. Su paso lo anuncia un pito que ruge como un alarido que sale de las entrañas del siglo pasado. La banda sonora del peor es nada.








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