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Un material inerte que nos devora

Actualizado el 22 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

Ir al supermercado y comprar una botella de agua es abrumador: agua con gas, sin gas, con sabor, mineral, de manantial. Pero pensar en lo que va a pasar con esa botella, una vez que el líquido desaparece, es aun más inquietante.

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(Video) De botellas plásticas a tejas para techos (Kenneth Barrantes)

El cambio climático (a veces) me aburre. Esto no es lo mismo que decir: El cambio climático es aburrido. Pero no sé si el problema empieza en las fotos de suelos áridos o en la repetitiva imagen del oso desnutrido. El problema de vivir en Costa Rica es que nuestra realidad no es la misma que la de países con cambios drásticos de temperatura. Pero tampoco quiere decir que somos inmunes; todo lo contrario.

Es difícil tener empatía con el planeta cuando se trabaja en una oficina con aire acondicionado, pero el cambio climático es real, y nada difícil de entender.

Pensar que reciclar o no botar basura al suelo puede entorpecer o atrasar un desastre natural parece ridículo, pero no lo es.

También aceptemos que podemos ser inútiles en el método que elegimos para ayudar: veo todos los días a gente que arroja una lata en un basurero para residuos plásticos. No todos sabemos reciclar, ni la diferencia entre reutilizar y reducir, pero diferenciar un pedazo de papel de una botella de Coca Cola, no parece tener gran ciencia.

Materia prima

Uno de los mayores contaminantes que tenemos es el plástico. Según el Programa Estado de la Nación del 2014, la actividad humana, particularmente la quema de combustibles fósiles, ha liberado cantidades de gases efecto invernadero como dióxido de carbono (CO2) suficientes para aumentar la temperatura de la tierra a niveles críticos y alterar catastróficamente el clima.

¿Qué tiene que ver esto con el plástico y con el calentamiento global? Para producir envases plásticos se consumen recursos energéticos: petróleo. Estos recursos se obtienen –prácticamente en su totalidad– a partir de fuentes de energía no renovables y, al utilizarlos, se producen emisiones de gases de efecto invernadero, como se afirma en el reportaje Cambio climático: El monstruo que llegó para quedarse de la Revista Dominical.

En el 2012, Alonso Muñoz organizó la campaña Una Costa Rica sin botellas plásticas . Muñoz es ingeniero eléctrico, y ha hecho todo lo posible –hasta ahora– para entender por qué dejamos que el plástico nos intoxique.

“Comencé la investigación siguiendo un camión de basura que llegó a un relleno. Después de eso, todo lo que averiguaba me asustaba. Empecé a plantearme preguntas: ¿Por qué utilizamos un material que se desarrolló para ser eterno en productos que se diseñan para ser desechables?

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Muñoz llegó a varias conclusiones, una de ellas es que los consumidores, la mayoría del tiempo, compran por precio y no por envase. Esto, más que todo, basado en productos embotellados. También aprendió que lo que los plastiqueros califican “un material reciclado” no es tan cierto.

“En Costa Rica se recicla más o menos, un 10% del plástico que consumimos. Y tampoco se recicla, más bien se envía a China para que se funda y eventualmente se convierte en otro producto”. Esto se conoce como downcycling o infraciclado: el proceso de convertir un material de desecho en un nuevo producto. El problema es que este será de menor calidad y tendrá una funcionalidad muy reducida.

En otras palabras, la basura se convierte en basura.

En el 2013, Muñoz, cansado del discurso de muchas empresas sobre las botellas recicladas, escribió una carta dirigida a la empresa Coca Cola y Florida Bebidas.

La carta es de dominio público, y en ella se reclama, básicamente, lo siguiente: “Difundir en campañas nacionales que una botella plástica desechable es ecológica porque utiliza 23% menos plástico, o porque utiliza un 50% de plástico reciclado, es como decir que un combo de hamburguesa con doble torta y tocineta es light porque antes tenía tres tortas en lugar de dos”, escribió Muñoz, a lo que Florida Bebidas respondió lanzando una botella de agua Cristal de 750 ml, de vidrio y retornable.

Techos de plástico

Existen opciones para contrarrestar el efecto negativo del uso –desmedido y egoísta– del plástico.

Un ejemplo es Gua, una marca agua mineral que se vende en botella plástica.

La idea nació cuando, Daniel Thompson, un empresario, caminaba por una playa de Guanacaste y notó decenas de botellas tiradas en la arena.

Según datos de la empresa Gua, Costa Rica desecha más de 280 millones de botellas plásticas al año.

Luis Torres, empleado de Gua, manipula la máquina para hacer tejas. El plástico como material para  techo es funcional por su longevidad. | FOTO: DIANA MÉNDEZ
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Luis Torres, empleado de Gua, manipula la máquina para hacer tejas. El plástico como material para techo es funcional por su longevidad. | FOTO: DIANA MÉNDEZ

Entonces Thompson tuvo una idea: envasar el agua mineral en una botella que se transformara en teja con el fin de luego utilizarla como material para crear techos. Y esta información llegó a Ennio Rodríguez, hoy socio de Thompson y gerente de Gua. “La idea me atrapó porque era funcional y porque el sabor del agua era bueno, no era para nada insípido”.

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Para comprobar la calidad del producto, Rodríguez llevó esa agua a la duodécima Cata Internacional de Aguas Termatalia en Río Hondo, Argentina. Allí ganó el primer lugar de Aguas Minerales Naturales.

El agua de Gua sale de una planta en San Carlos, que, según Rodríguez, cuenta con una fuente renovable porque el agua proviene del bosque nuboso y tiene influencia de los dos océanos, por lo que esa zona siempre tendrá humedad.

Eso sí, el propósito inicial de esta empresa fue ayudar a evacuar la cantidad de botellas plásticas de la superficie y sus entrañas.

¿Cómo funciona?

Después de tomarse el agua, usted devuelve la botella al punto de venta donde la compró. Por ahora están involucrados AutoMercado, Supermercado Vindi y el restaurante Mantras Veggie Café, entre otros.

Luego la botella se convierte en material para techo gracias a estudiantes de la Universidad de Seattle (EE.UU.) , quienes crearon una máquina que comprime las botellas para que adopten forma de teja de inmediato.

Ennio Rodríguez posa junto al prototipo final de las botellas como techo. | FOTO: DIANA MÉNDEZ
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Ennio Rodríguez posa junto al prototipo final de las botellas como techo. | FOTO: DIANA MÉNDEZ

“Por ahora el plan es ir a una escuela en Río Azul, en Tirrases de Curridabat, y usar las tejas de plástico para crear un techo. La biblioteca tiene muy pocas entradas de aire y poca luz. Así que vamos a hacer un tragaluz y un sistema de ventilación”, explicó Rodríguez.

Queda poco –y mucho– por descubrir sobre las devastaciones que van a ocurrir si seguimos enterrando basura, o si preferimos ignorar que botar una pajilla al suelo implica un largo tránsito hacia el mar.

Si no, recordemos a la tortuga lora rescatada en Cabuyal de Guanacaste, que sangró, estornudó y se retorció de dolor mientras le extraían una pajilla de 10 centímetros de una fosa nasal. O a los pájaros albatros de la isla de Midway , a quienes Baudelaire les dedicó uno de sus grandes poemas, y quienes mueren porque el estómago se alimenta de residuos de plásticos. Nuestros residuos plásticos.

"Suelen, por divertirse, los mozos marineros/cazar albatros, grandes pájaros de los mares/que siguen lentamente, indolentes viajeros,/el barco, que navega sobre abismos y azares." Charles Baudelaire.

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