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La burocracia y la viceministra

Actualizado el 03 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Ana Crisitina Trejos dejó la dirección de la ONG Techo para asumir el viceministerio de Vivienda. A sus 27 años no solo debe lidiar con el adultocentrismo sino con la tramitomanía, 14 reuniones por semana y las protestas callejeras. ¡Bienvenida a la función pública!

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“Pero muchacha, si usted podría ser mi hija”. La viceministra de Vivienda le ha escuchado esta frase a “todo el mundo” desde que asumió su puesto hace dos meses.

Ella vive el adultocentrismo (visión del mundo que dicta que solo los adultos estánpreparadas para dirigir la sociedad) todo los días en su despacho, en las reuniones, en las giras que hace a las comunidades y cuando lidia con manifestantes que exigen techo digno frente a la Presidencia.

Imagen sin titulo - GN
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Imagen sin titulo - GN

Trejos debió congelar sus estudios. Estaba a solo tres cursos de graduarse de Microbiología en la Universidad de Costa Rica, pero le era imposible asistir a clases.

Ana Cristina Trejos , quien acaba de cumplir 27 años, pero que aparenta unos cuatro menos, es la segunda persona con mayor jerarquía en uno de los más complejos ministerios del Gobierno.

Tramitomanía, burocracia, permisos, catastros, precarios, proyectos habitacionales, protestas en las calles y zopilotes de vivienda son parte de los ingredientes que condimentan su puesto. De ahí que algunos consideren que la “mostacilla” del gabinete no puede con la labor y han pedido su destitución al ministro, Ronsendo Pujol.

Pero Ana Cristina no se intimida y está dispuesta a hacer el cambio por el que tanto ha luchado desde que se metió a trabajar el tema de vivienda en la organización no gubernamental Techo (antes conocida como Un techo para mí país ).

Fue su labor como directora social en la ONG lo que hizo que el presidente Luis Guillermo Solís le ofreciera el puesto actual.

Ante el nuevo reto, Ana Cristina debió poner sus estudios en pausa y cambiarse el casco de activista, demandante de acciones y ejecutora de obras expeditas que utilizaba en Techo, para ponerse el sombrero del principio de legalidad, de reuniones, planes, minutas y del debido proceso de un funcionario público.

Es un cambio brusco que ella afronta con un discurso positivo pero, al mismo tiempo, reconoce que es desgastante y complicado. Por ejemplo: una intervención de Techo –instalación de viviendas temporales en una comunidad marginal –tarda un promedio de nueves meses: desde el primer encuentro con los vecinos hasta la entrega de las casas; mientras que en el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah) un proyecto de vivienda o la ejecución del programa Bono Comunal demora unos tres años, por lo menos.

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La burocracia también está en la cotidianidad: a la semana Trejos asiste a 14 reuniones (son más, pero logra escaparse de las más supefluas). “Es complicado. En Techo delegábamos y resolvíamos rápido, movíamos y convencíamos; aquí hay que mandar oficios, esperar 10 días para que respondan, esperar que el jefe del jefe de la persona a la que una le pide algo lo autorice…”, narra.

Guararí

Luego de gestionar la entrevista con su jefa de despacho (una abogada que trabajó con Ana Cristina en Techo y que ella “se llevó” al Mivah para que fuera su mano derecha) nos encontramos con la viceministra en la comunidad de Guararí, en Heredia. En ese lugar, tanto la ONG como el Ministerio han hecho obras, mas el panorama sigue siendo de latas de cinc y miseria.

Trejos se hizo acompañar por una periodista del Mivah, una periodista de Techo –que ahora hace una pasantía en el Ministerio–, una dirigente comunal de La Carpio (asentamiento en el distrito de La Uruca) y su chofer personal, quien además tiene entrenamiento policial.

Juntos caminamos por los callejones del precario y visitamos el salón comunal queTecho levantó en conjunto con una universidad privada y los propios vecinos.

La viceministra tiene facilidad de palabra y evidencia un amplio conocimiento de los procesos y normas que demanda el sector vivienda.

Trejos  vive en Tres Ríos, esta casada, se graduó del  Calasanz y asistió a la UCR. La foto se tomó en Guararí.  | GABRIELA TELLEZ
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Trejos vive en Tres Ríos, esta casada, se graduó del Calasanz y asistió a la UCR. La foto se tomó en Guararí. | GABRIELA TELLEZ

“Es una gran frustración, una se siente mal, se siente enojada por todo lo que no se ha hecho, por las cosas que se dijeron y no se cumplieron. Hay una gran deuda con estas personas, se evidencia que ha habido falta de compromiso”, viceministra Trejos.

Habla con la guardia arriba, cuida sus respuestas y procura destacar mensajes claves. Una vez que le dan el micrófono no para hasta que alguien la interrumpa.

Su discurso es romántico. Habla de darle voz a las comunidades, de hacerlas participes, de no imponer, de trabajar con ellas. Claro que para ella el calificativo “romántico” no es apropiado, más bien lo ve realizable y concreto.

Diálogo

La esencia de su trabajo consiste en ser un puente entre las comunidades y el sistema nacional de vivienda, abrir canales de diálogo y sensibilizar a las partes.

De esto, lo más complicado es el desgaste emocional: estar escuchando personas que requieren una casa con urgencia, pero que llevan años de ser “bailadas” por el propio sistema.

“Es una gran frustración, una se siente mal, se siente enojada por todo lo que no se ha hecho, por las cosas que se dijeron y no se cumplieron. Hay una gran deuda con estas personas, se evidencia que ha habido falta de compromiso”, asegura.

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La viceministra también sintió el cambio en la manera en que la reciben en las comunidades. Cuando llegaba con Techo le abrían las puertas, el vecindario se mostraba receptivo ante la ayuda que ofrecía. Ahora, con la camisa del Mivah, más bien la esperan con una serie de demandas, una lista de promesas incumplidas y una buena dosis de desconfianza.

Estrategia

Su técnica para afrontar toda la burocracia y los problemas arrastrados en Vivienda es apelar a la eficiencia, y, dentro de lo posible, hacer las cosas de forma rápida y transparente, utilizando lo aprendido en Techo.

“En el Ministerio las cosas duran más, pero son respuestas que tendrán un mayor impacto que las viviendas transitorias de Techo”, reconoce, al tiempo que defiende la labor de la ONG, pues aunque la respuesta sea provisional, representa una solución inmediata para un problema inmediato: la falta de casa.

De hecho, la ONG es cuestionada por arraigar los precarios y no generar un cambio significativo.

Trejos se hizo acompañar a la entrevista por una periodista del Mivah, una periodista de Techo –que ahora hace una pasantía en el Ministerio–, una dirigente comunal de La Carpio y su chofer personal, quien además tiene entrenamiento policial.

Ante esto, Ana Cristina Trejos asegura que siempre habrá gente que estará descontenta, pero que la mayoría reconoce la buena labor de Techo.

En cuanto a su vida personal, la viceministra dice que continúa saliendo con sus amigos y con su esposo a los mismos bares de antes: La concha de la lora, El Gaff y El Steinvorth , siempre y cuando el tiempo se lo permita.

Debió congelar sus estudios. Estaba a solo tres cursos de graduarse de Microbiología en la Universidad de Costa Rica, pero le era imposible asistir a clases.

¿Cuándo los retomará? Dentro de cuatro años, cuando acabe su periodo en el Ministerio.

“Es un gran sacrificio, pero uno cree en esto, quiere hacer un cambio”, alega y destaca como logro importante que estableció un sistema que permite que dentro de las familias que cumplen los requisitos para recibir un bono, se le dé prioridad a aquellas económicamente más vulnerables.

Podríamos seguir hablando, la viceministra tiene mucho que decir y no se cansa, pero la tarde cae en Guararí y su chofer –que tiene entrenamiento policial– ya empieza a sentirse incómodo por el entorno.

Me despido, pero Trejos no se marcha. La viceministra se mete a una casa a tomar café y a responder las consultas de una vecina que quiere iniciar un comité de vivienda. La señora podría ser la madre de la jerarca.

¿Cómo reacciona cuando le dicen “usted podría ser mi hija”?

“Al principio me lo tomaba muy a pecho, me decía ‘¡uy ¡qué pereza!’, ahora lo que hago es reírme”.

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