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Una agresión que come de la ignorancia y de la pobreza

Actualizado el 18 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Las mujeres más educadas suelen tener menos hijos, lo que traería generaciones futuras más pequeñas y más pacíficas.

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Incluso en entornos urbanos, la educación en Nigeria tiene grandes desafíos por la sobrepoblación. Foto: The New York Times para LN

El secuestro de decenas de muchachas provocó el efecto buscado: el miedo ha hecho que muchos padres retiren a sus hijas de las escuelas en Nigeria.

La periodista española Rosa Montero reflexiona en El País : “El miserable que las secuestró lo ha hecho porque podía, porque su entorno propicia y acepta esta violencia”. Aquello parece ser cierto, pero sobre todo, el agresor lo hizo porque niñas educadas prometen un cambio en aquel entorno violento.

Boko Haram –igual que otros movimientos extremistas– se nutre de dos alimentos: la ignorancia y la pobreza.

Entre los libros

De la primera nos habla el periodista especializado en temas de violencia de género Nicholas Kristof, en un artículo titulado ¿Por qué son tan temibles las chicas listas?

“La más grande amenaza al extremismo no es un dron que vuele sobre las cabezas, sino una niña con un libro”, dice el periodista de The New York Times .

La educación femenina promueve la estabilidad política, así como un apuntalamiento económico, dos mejoras que atentan contra la prosperidad de grupos como Boko Haram

Kristof resalta que una mujer educada planifica el tamaño de su familia. En Nigeria, por cada año que una niña curse en educación primaria llegará a tener 0,26 menos niños. La disminución en la fecundidad ayuda a la paz de su comunidad.

El periodista expone que, entre mayor sea la cantidad de jóvenes desempleados entre los 15 y los 24 años, hay más posibilidades de agitación social. Por ejemplo, un incremento de 1% en este grupo de población significa un aumento de un 4% en el riesgo guerra civil.

Según CNN, las familias de las niñas habían enviado a sus hijas a la escuela en Chibok por una “necesidad desesperada de educación”. En el estado de Borno, al cual pertenece este pueblo, el 72% de los niños nunca asisten a un centro de estudios, y la proporción de estudiantes mujeres puede ser de la mitad o de un tercio comparada con la de los hombres.

La educación de las niñas tal vez no reduzca la violencia en el país inmediatamente, pero sí en el largo plazo, con un efecto medible: cuanto menos poblada sea la generación de sus hijos, menos violencia habrá.

Kristof recuerda un caso como el de Bangladesh, cuyo aumento en los índices de educación ha promovido la estabilidad política, así como un apuntalamiento económico, lo que nos lleva al tema de la pobreza.

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Juventud pobre

La exclusión social de la juventud al norte de Nigeria convierte a los muchachos en reclutas entusiastas de una organización como Boko Haram. El grupo, por ejemplo, habría pagado el equivalente a unos ¢17.000 a adolescentes por incendiar una escuela, según reportó el diario español El País .

Nigeria es la mayor economía de África. No obstante, de acuerdo con datos del Departamento de Estado de Estados Unidos, cerca del 62% de sus 170 millones de habitantes afrontan la pobreza extrema.

La del norte es una región llena de jóvenes sin trabajo, una cantera para las organizaciones extremistas. No es coincidencia que en otros países con condiciones similares como Pakistán y Afganistán, los talibanes también hubieran atacado a las muchachas escolares.

Boko Haram tal vez cometió el secuestro con plena conciencia sobre el perjuicio que trae la educación femenina para su forma de ejercer el poder con la violencia; o tal vez no. Lo cierto es que su accionar procura su autopreservación. Ellas les resultan peligrosas.

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