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Semillas para el cambio

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Una reciente FERIA DE INTERCAMBIO de semillas en Talamanca, dejó al descubierto la importancia que tienen las semillas para los indígenas.

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“Yo no nací para ser guerrero”, asegura Gonzalo Moreno, indígena salvadoreño de 63 años, cuando se refiere a su decisión de migrar a Costa Rica.

Llegó un 15 de marzo de 1980 huyendo de los conflictos armados de su país. Aunque venía “de paso”, se enamoró de Mauricia Vargas, una indígena bribri, e hizo de esta comunidad su hogar.

Talamanca, con toda su riqueza natural, se convirtió también en la causa de su mayor lucha: la conservación de las semillas autóctonas de la zona.

Gonzalo Moreno fue uno de los 26 productores que participaron el pasado mes de agosto en la I Feria de Agrobiodiversidad, en la cual se realizó un intercambio de semillas orgánicas entre productores de la zona cercana al río Sixaola.

La actividad se realizó en Ditsöwö u (La casa de la semilla, en lengua bribri), ubicada en la comunidad de Bambú, en Talamanca. Ditsöwö u es un refugio indígena donde los turistas pueden hospedarse y aprender acerca de la cultura indígena bribri.

Fue allí donde comerciantes de la zona aprovecharon para distribuir sus productos, desde joyería artesanal hasta cacao orgánico. Desde el 2008, la Municipalidad de Talamanca realizó una moratoria municipal y se declaró como “Cantón ecológico y libre de transgénicos”.

Semillas criollas

Como Gonzalo, muchos otros productores promueven el uso de las semillas orgánicas y el libre intercambio de estas entre productores.

En la finca Loroco, propiedad de Moreno, funciona un banco de semillas orgánicas mediante el cual se conservan y comparten las semillas autóctonas de Talamanca.

Desde hace varios años, él se dio a la tarea de recorrer toda la zona de Talamanca para ir recolectando semillas que se estaban perdiendo por los monocultivos de cacao y banano. Hoy se dedica a conservar estas semillas y a promover el rechazo a semillas foráneas y transgénicas.

“Esta reserva es para que siempre tengamos algo que sembrar. Nuestras semillas son nuestro verdadero patrimonio; por eso, es importante cuidarlas”, explica el productor.

Gonzalo fue uno de los muchos que asistieron a este intercambio cuya filosofía es sencilla: lo propio es mejor.

Olga Obando vive en Los Ángeles de San Miguel de Sixaola. Al intercambio llevó semillas de limón, pepino, carambola, citronela, vainica y jaickfruit , entre otras.

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Desde Buena Esperanza de Chiroles, Xiomara Xabraca trajo maíz, trigo, arroz, frijoles, malanga y tiquisque.

Lo que a uno le hace falta, el otro se lo intercambia. Así, Olga regresó a su casa con semillas de trigo que le dio Xiomara, a cambio de semillas de vainica. “Queremos semillas que no tengamos para llevarlas a nuestra finca”, explica Obando, quien, desde hace 40 años, tiene una finca de subsistencia junto a su esposo.

El espíritu del trueque no es inusual para los pequeños productores, especialmente en comunidades indígenas. “En el pasado, el intercambio era costumbre del indígena. Era impensable ponerle valor a una semilla. Pero eso se ha ido perdiendo”, explica José Ángel Gallardo Buitrado, bribri de 61 años y miembro de la Asociación de Agricultores Orgánicos, que agrupa a 200 productores familiares de Talamanca.

Tal intercambio trasciende incluso las fronteras. Desde Las Tablas, Panamá –a más de una hora de la frontera con Costa Rica– vinieron nueve productores panameños para llevarse semillas nacionales y compartir algunos productos de su país como el guandú, papa de aire y poroto.

El fomento de las semillas orgánicas va más allá de sus bondades ecológicas. En una zona donde el cacao y el banano siguen dominando el paisaje, se busca diversificar la producción y la alimentación. Y para esto, nada mejor que los productos autóctonos.

De eso se trata el proyecto en que trabaja el médico bribri Gonzalo Mena en conjunto con la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y otras instituciones: diversificar la alimentación de los grupos indígenas de Talamanca, como una acción al hallazgo hecho un tiempo antes gracias a análisis médicos.

Se percataron de que ha habido un aumento de ciertas enfermedades crónicas no transmisibles como gastritis, úlceras, hipertensión y diabetes, lo cual está vinculado con una dieta inadecuada.

Es por eso que han promovido la creación de huertos indígenas para que las familias siembren los alimentos que van a comer. “Una cosa es que yo como médico les diga que consuman ensaladas y verduras, y otra es darles acceso directo a esos alimentos que tal vez de otra manera no podrían adquirir”, razona Mena.

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Este año se ha estado trabajando con 15 familias cabécares que utilizan lo sembrado para autoconsumo.

“Los indígenas hemos sido siempre conservadores de semillas, y lo seguiremos haciendo. ¿Qué haríamos nosotros sin ellas?”, se pregunta Gonzalo Moreno, el productor de la finca Loroco.

Frente al cambio

“Cuando llegué a Talamanca, era un paraíso donde llovía casi todo el día. Ahora, yo veo tantos cambios... calores y fríos que me sorprenden mucho”, comenta Gonzalo Moreno.

No es un secreto, especialmente para los productores, que el cambio climático está afectando a la zona de Talamanca.

Por eso, una de las respuestas ante este problema podría ser el uso extensivo de la semilla orgánica en la agricultura de la zona.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo llama “adaptación basada en ecosistemas”.

Se trata de una alternativa que pretende utilizar los recursos de la naturaleza para enfrentar (no solucionar) las secuelas del cambio climático.

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“Ante crecidas del río o lluvias que dañaban las cosechas, las comunidades recurren a la agricultura de subsistencia. Por eso, nos dimos a la tarea de organizar con la comunidad esta feria de intercambio para colaborar con el tema de la alimentación y la seguridad alimentaria”, justifica Marta Pérez, oficial de gestión del agua en la UICN.

El uso de la semilla orgánica representa un beneficio para la tierra porque se evitar el uso de agroquímicos para la producción, explica Pedro Cordero, geógrafo de la UICN.

Pero más allá de los beneficios ecológicos, para los agricultores de Talamanca usar semillas autóctonas es una cuestión cultural.

“Nosotros trabajamos los cultivos con la Luna, para que sea una buena semilla”, reflexiona Alpir Morales, de la Asociación de Desarrollo Integral del Territorio Bribri.

“Hemos sido creados para vivir la vida, no para destruirla. Las semillas son la vida para nosotros. ¿Cómo vamos a seguir contaminándolas?”, se pregunta don Gonzalo, quien dejó su país natal hace 32 años para dar otra guerra: la de las semillas.

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