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Edición del 20 de noviembre

Esta semana en 'Revista Dominical': Los 65 años de San Vito, un pueblo de migrantes

Actualizado el 18 de noviembre de 2016 a las 12:00 pm

La historia de cómo decenas de familias italianas se alejaron de la posguerra para adentrarse en la selva virgen de Puntarenas.

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Esta semana en 'Revista Dominical': Los 65 años de San Vito, un pueblo de migrantes

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La fuente de la fraternidad italo-costarricense en el parque central de San Vito de Coto Brus, en Puntarenas. (Rafael Pacheco.)

San José (Redacción)

A comienzos de la segunda mitad del siglo XX empezaron a llegar a Puntarenas decenas de familias italianas, con motivo de la construcción de un pueblo que hoy conocemos como San Vito.

Era un proyecto ambicioso que no despegó de la mejor manera y cuyo éxito no llegó inmediatamente, pero a la postre se podría decir que funcionó: en tiempo récord, de una selva virgen hicieron un pueblo todavía muy activo y de gran importancia para el cantón de Coto Brus.

Con motivo de los 65 años de su fundación, el periodista Alessandro Solís viajó a la zona –de donde proviene su familia– y preparó un recuento de los hechos, no solo de las vicisitudes que se atravesaron, sino también de los amores que prosperaron.

Así describe el redactor los motivos y la experiencia:

Cuando uno es niño, es difícil aprender a reconocer las situaciones extraordinarias de nuestra existencia. Todo lo que hacemos, sentimos y vivimos es normal para nosotros, porque es todo lo que conocemos. No es hasta que los años pasan y el cerebro madura que llega la perspectiva.

En mis primeros años de vida, era cosa de todas las vacaciones visitar el pueblo en el que nacieron mis padres: San Vito de Coto Brus, en las montañas de Puntarenas, casi pegando con Panamá. Mi madre, de ascendencia italiana; mi padre, de sangre tica; juntos, casi que una pintura que explica el lugar de donde vienen.

Si no jugábamos fútbol en media Calle Mottola, cerca de la pizzería de mi abuela, íbamos a las fiestas del pueblo y al redondel a ver a los toreros improvisados volverse locos. Si no estábamos almorzando pasta o pizza (o en general un montón de comida), tomábamos café y comíamos tortillas donde mi familia paterna.

Mis tías, tíos, primas y primos hablaban todo el día entre español e italiano, y mis otros familiares no podían tener acento más tico. Coincidíamos todos en que Navidad se celebraba con mucha comida: en una casa nos servían antipasto y ravioli, y en la otra arroz con mondongo. El estómago estaba siempre lleno.

No supe hasta años después que en ese lugar chocaban muchos mundos, entre ellos el italiano y el costarricense. No entendí hasta muy viejo que escuchar tanto música tropical como canciones folclóricas italianas había transformado el ritmo de mis venas. No aprecié la diversidad en la que me desarrollé hasta que crecí.

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Hace unas semanas, mi abuela me contó de nuevo la historia de cómo conoció a mi abuelo. Ambos provenientes de Italia, cruzaron miradas hace más de 60 años en la selva sobre la cual se construyó San Vito, un pequeño pueblo en Costa Rica, izado por inmigrantes que buscaban escapar a toda costa de los males posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Escuchando esa y otras historias, y haciendo cálculos, me di cuenta de que este año hace 65 años se firmaron los primeros papeles que le permitían a los inmigrantes hacer uso de esas tierras, y que en febrero de 2017 se cumplirán 65 años desde que ellos empezaron a llegar a ese lugar donde no había nada y ahora lo hay todo.

Con motivo del aniversario, viajé al pueblo que me dio las mejores memorias de mi niñez y juventud para conversar con los pioneros italianos que siguen en pie, y para hacer un recuento de una historia que solo pudieron escribir los que se atrevieron a hacer algo a todas luces increíble.

El reportaje que se publicará este domingo en Dominical es un homenaje a ellos y un recordatorio de que la inmigración, la diversidad y el intercambio de cultura y conocimiento tienen profundos efectos en los lugares y en su gente.

No queda más que dar las gracias a todos los sanviteños de antes y de ahora por tanto. Muchos no seríamos quienes somos sin su pasión y empeño. ¡Que nunca se diga que todo fue en vano!

—Alessandro Solís Lerici

* * *

Por lo demás, la revista de esta semana abarca distintas y atractivas temáticas a nivel local. Por ejemplo, le presentamos al equipo de fútbol Juventud Escazuceña, que tiene la particularidad de incluir en su plantel a muchos jugadores extranjeros.

También viajamos a Manuel Antonio para mostrarle opciones alternativas de turismo y entretenimiento en una de las playas más hermosas del país, como parte del programa ¡Vamos a turistear! del Instituto Costarricense de Turismo.

Finalmente, llevamos una entrevista con Josecarlo Henríquez, un prostituto chileno que ha generado mucha polémica en su país al intentar derribar los tabúes de su profesión. Josecarlo visitó Costa Rica recientemente para presentar su libro #SoyPuto.

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Lea también nuestras secciones fijas con notas y datos curiosos, y nuestra columna Tinta fresca, todo en un mismo paquete, este domingo 20 de noviembre en la Revista Dominical.

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