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O. J. Simpson en su ocaso

Actualizado el 04 de febrero de 2017 a las 10:32 am

O.J. Simpson. 20 años atrás y contra todos los pronósticos, el 3 de octubre de 1995, la leyenda del fútbol americano fue declarado “no culpable” en el entonces llamado “juicio del siglo”. Hoy, obeso, enfermo, casi inválido por la artritis y encarcelado, a sus 66 años parece estar pagando su juego de ruleta rusa con la justicia.

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En 1990, O.J. Simpson visitó a las tropas estadounidenses en Arabia Saudita antes del comienzo de la Guerra del Golfo Pérsico. | FOTO: ARCHIVO

Hasta las generaciones recientes, acostumbradas a la telerealidad, nadarían en asombro si los hechos ocurridos el 17 de junio de 1994 se dieran hoy.

Así lucía Simpson en mayo del 2013. Actualmente, pesa 150 kilogramos.
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Así lucía Simpson en mayo del 2013. Actualmente, pesa 150 kilogramos. (AFP)

Aquella tarde, más de 90 millones de personas en Estados Unidos presenciaron en vivo y en directo, por televisión, cómo un helicóptero policial perseguía por una autopista interestatal de Los Ángeles, California, un vehículo Ford Bronco de color blanco.

A bordo viajaba la exestrella de fútbol americano O.J. Simpson, entonces de 46 años y quien solo unas horas antes había sido declarado fugitivo por incumplir su promesa de entregarse a las autoridades para responder nada menos que por los cargos de masacrar hasta la muerte a su exesposa, Nicole Brown y al amigo de esta, Ronald Goldman.

Al volante del Bronco iba su amigo Al Cowlings y, como si toda la trama no fuera ya demasiado dantesca, las transmisiones policiales dejaron saber a la millonada de espectadores que el exastro llevaba una pistola y amenazaba con suicidarse.

Tras la persecución, que duró aproximadamente dos horas y acabó frente a su mansión en Los Ángeles, las cámaras de los helicópteros emitieron en directo la rendición de Simpson luego de varias horas de negociaciones con la policía.

Por supuesto, el mundo aún no lo sabía pero aquel pasaje está considerado como primer “reality-show” de la historia. De hecho, aún hoy, en medio de la globalización de las comunicaciones, la persecución de Orenthal James Simpson (nombre completo) encabeza los rankings de momentos históricos que paralizaron al mundo, y se equipara a sucesos como la llegada del hombre a la Luna, el asesinato del presidente John F. Kennedy o los atentados del 11 de setiembre del 2001 en Estados Unidos.

El caso es que la legendaria persecución fue solo el preludio de lo que vendría unos meses después cuando, entre enero y octubre de 1995, O.J. Simpson se sentó en el banquillo de los acusados por el cruento doble asesinato de Nicole Brown y Ron Goldman.

Para entonces, más de medio planeta tuvo acceso a los avances diarios del juicio, que no en vano fue cubierto por 2.000 periodistas de todo el mundo.

Hito de audiencia

El día del veredicto, el 3 de octubre de 1995, 145 millones de personas fueron testigos de cómo Simpson era declarado no culpable y libre de todos los cargos.

La imagen, una y mil veces transmitida durante todos estos años es parte ya del stock de la cultura pop.

Y el caso supondría un nuevo dominó de polémica interminable que al día de hoy no solo no se desvanece, si no que justamente este fin de semana amenaza con encenderse nuevamente por cuenta de una serie documental de dos episodios que se estrenó en Estados Unidos ayer (sábado 3 de octubre) y cuya segunda parte se transmitirá hoy.

En Latinoamérica serán transmitidos por la cadena A&E el lunes 12 y martes 13 de octubre a las 9 p.m.

Justo a propósito del 20° aniversario del final del “juicio del siglo” (pasado), se transmitirán La Historia Jamás Contada y O.J. Simpson: Los Testimonios.

Si los títulos de los respectivos documentales son elocuentes, los tráilers lo son mucho más y desde ya la prensa internacional está con la mira puesta en pruebas que jamás habían salido a la luz pública y que parecen irrefutables en el sentido de que O.J. efectivamente fue el autor del doble crimen.

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Y es que, como se sabe, la declaración de “no culpable” ocasionó en aquel momento una batahola de protestas dentro y fuera de Estados Unidos.

Sus seguidores salieron a las calles a celebrarlo, mientras que sus detractores acusaron al jurado de ignorar las pruebas de ADN –10 de los 12 miembros eran negros, al igual que Simpson–.

El historial de violencia doméstica reportado por parte de Nicole Brown Simpson contra su esposo, las actitudes que parecían decantar la culpa del exdeportista –con la huida televisada y la intención de suicidarse como corolario–, y varias pruebas aportadas en el juicio eran suficientes, según muchos, para que O.J. recibiera todo el peso de la ley.

El ocaso de O. J. Simpson
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El ocaso de O. J. Simpson

El ‘dream team’ legal

Sin embargo, el fenomenal equipo de abogados que lo defendió –integrado por Robert Kardashian, esposo de Kris y padre de los primeros cuatro hijos de la madre del clan) – , equipo legal que le costó a O.J. ocho millones de dólares, desmanteló los argumentos de la fiscalía y, contra todos los pronósticos, logró que fuera absuelto.

El entonces apodado “dream team legal” se encargó de presentar a su cliente como una víctima del racismo y sembró la duda sobre la autenticidad de las pruebas. Con gran colmillo los abogados aprovecharon que la policía estaba desacreditada por la paliza que le dieron al negro Rodney King, y que ocasionó los disturbios raciales angelinos en 1992.

La defensa argumentó que Simpson era un agresor y celoso sociópata; que nunca dejó a Nicole rehacer su vida y una noche no aguantó más y la asesinó, dejando el lugar del crimen lleno de huellas, una gorra y un guante empapado con la sangre de las víctimas.

El misterioso guante

Justamente la “prueba del guante” fue una de las que determinó la resolución a favor de Simpson.

El artículo El crimen perfecto , de wordpress.com explica en detalle lo ocurrido.

“Se le pidió a Simpson ponerse los guantes, y ante toda la audiencia presente y los millones de televidentes, las imágenes que han quedado impregnadas en sus retinas mostraron al acusado tratando gimnásticamente de ponerse los guantes, con el evidente resultado de que no le calzaban”.

En aquel momento, posiblemente resonaron en las cabezas de los miembros del jurado las palabras que uno de los abogados repetía incansablemente en las últimas semanas, en referencia a las evidencias: “han de convencer, o deben absolver”.

Ante la incongruencia entre las manos de Simpson y la talla de sus guantes, la opinión pública quedó convencida de que estos fueron plantados en la escena por la policía. Igual ocurrió con el jurado.

La fiscalía argumentó de que probablemente los guantes se habían encogido debido a la humedad de la sangre, y que además las varias veces que se los congeló al archivarlos, y descongeló para revisarlos o usarlos en el juicio, propició su encogimiento.

Sin embargo “una imagen valió más que mil palabras”, una frase que calzó por completo en esta coyuntura.

¿Maniobra médica?

Justamente el tema de los famosos guantes es uno de los tantos que tocarán los documentales mencionados, pues testimonios afirman que Simpson, durante el proceso y con toda premeditación, dejó de tomar una medicina contra la artritis, lo que hizo que sus manos se hincharan. Esto impidió que se pudiera calzar adecuadamente los guantes dejados por el asesino.

Una vez superado el trance del juicio, el vulnerable y humilde Simpson que se vio en el estrado fue retomando la calma y, a la larga, volvió a empoderarse sobre sus maltrechos cimientos.

A pesar de su sorpresiva y aplastante victoria en el juicio del siglo, en la parte económica empezó a desplomarse.

Tres años después de la absolutoria, la polémica volvió a dispararse cuando fue condenado a pagar 33,5 millones de dólares a las familias de las víctimas en un juicio civil celebrado en Santa Mónica (California), al ser hallado “responsable de las muertes” de Brown y Goldman.

Oportuno es destacar que Fred Goldman y su hija, Kim Goldman, padre y hermana única de Ronald Goldman, jamás han bajado los brazos en su lucha para que se haga justicia tanto por el crimen de su pariente como por el de Nicole, de quienes unos afirman eran amigos y otros que eran novios.

Simpson no pudo ni por asomo honrar la suma que dictaminó el juicio civil, pero entonces los Goldman se abocaron en entreverados procesos con tal de ir por sus bienes, y lo lograron.

En respuesta, antes de su nuevo enfrentamiento con la justicia en el 2007, el exfutbolista se desaforó retando abiertamente a los parientes de Goldman y mucho más. Uno de los golpes más letales que sufrió fue el desalojo de su mansión. Los Goldman perdieron a su hijo, pero iban ganando batallas y cercando a Simpson.

Arrogante y provocador

Inimaginablemente arrogante y atrevido fue lo que hizo el exdeportista 11 años después: tras ser absuelto del crimen, escribió un libro sobre cómo se habría realizado, en “caso de haberlo cometido”.

En lugar de mantenerse en la sombra, con bajo perfil, Simpson se dedicó a fanfarronear su victoria al punto de dispararse en los pies al colocarse de nuevo en el centro de la controversia cuando hizo el anuncio de la publicación del polémico libro. La arremetida de los Goldman frente a semejante afrenta fue tal que el lanzamiento de la publicación fue cancelada. De paso, dejó aún más resquebrajada la imagen del otrora ídolo americano ante la opinión pública.

If I did it –era imposible que el título fuera más explícito– describía cómo Simpson habría llevado a cabo los asesinatos que vehementemente, durante más de una década, había negado haber cometido.

La extraña apuesta literaria causó asombro y repulsión en todas partes y levantó roncha. Los familiares de las víctimas se anticiparon y crearon una página web (www.dontpayoj.com) para recoger firmas contra el ex deportista, la editorial y la cadena FOX, que transmitiría la entrevista.

También exigían que no se pagarA ni un cinco a quien consideraban “un vulgar criminal”.

Tras semanas de protestas y críticas provenientes de todo el mundo, la compañía editorial declinó publicar el libro y FOX hizo lo propio con la entrevista. Además, la cadena se disculpó.

“Tanto yo como otro directivo estamos de acuerdo con el público americano en que este proyecto fue un error desde el principio”, dijo Rupert Murdoch, presidente de News Corporation. “Sentimos el daño que hemos causado a las familias de Ron Goldman y Nicole Brown Simpson”.

Estos hechos se sucedieron en el segundo semestre del año 2006.

Lo que ocurrió solo unos meses después, en setiembre del 2007, ratificó que O.J. estaba fuera de control. Daba la impresión de que la absolutoria en el juicio le había conferido una sensación de impunidad total.

Ya comprobaría que tal cosa no existía.

El 13 de setiembre del 2007, O.J. Simpson, acompañado de un grupo de hombres armados, irrumpieron en una habitación del casino hotel Palace Station, en Las Vegas, para tomar por asalto artículos deportivos de dos coleccionistas, valorados en 100 mil dólares.

El exastro fue detenido días después del robo, pero salió bajo fianza tras pagar 125 mil dólares. La prensa mundial y espectadores en todo el planeta seguían con perplejidad la surrealista trama de vida de aquel hombre que se había vuelto a meter en líos con la justicia por conseguir objetos (supuestamente, trofeos suyos subastados en algún momento) valorados en 100 mil dólares. Era el mismo hombre que había desembolsado como si nada ocho millones de dólares a su fastuoso grupo de abogados para que lo sacaran con bien del juicio por doble asesinato.

Destino implacable

El caso avanzó rápidamente en la Corte. En diciembre del 2008, O.J. Simpson fue condenado a un máximo de 33 años de prisión y un mínimo de nueve por robo a mano armada y secuestro, entre otros delitos.

Como un extraño dejavú se vio al acusado en su antigua actitud humilde durante el juicio que enfrentó años atrás por el doble asesinato. Con la voz quebrada y nervioso, argumentó: “Yo nunca tuve la intención de hacerle daño a nadie. No quise herir y no quise robar nada”.

Tiempos de gloria:  Simpson atiende a la prensa tras un partido ante Tampa Bay. | FOTO: ARCHIVO
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Tiempos de gloria: Simpson atiende a la prensa tras un partido ante Tampa Bay. | FOTO: ARCHIVO

Sin embargo, esta vez todo fue diferente. La ley le cayó encima con todo su peso y sus abogados defensores fueron la antítesis del ahora lejano “dream team”. De hecho, expertos y el mismo Simpson aseguraron posteriormente que fue la mala asesoría legal la que le valió la tremenda cantidad de años que se le impusieron. De haberse declarado culpable, habría recibido una condena de solo cuatro años.

Pero el hubiera no existe, bien lo sabe ahora O. J.

En los últimos meses varios medios han dado cuenta de su frágil estado de salud, según han contado algunos compañeros de prisión al Daily Mail de Inglaterra o a El Confidencial de España.

Simpson es diabético, se dice que su peso anda en los 150 kilos y prácticamente le es imposible caminar.

Los fuertes y frecuentes golpes recibidos en sus piernas en su tiempo de jugador le provocaron severas heridas en sus rodillas, hoy curtidas de cicatrices. Sus articulaciones están devoradas por la artritis que empezó a padecer hace décadas y no puede dar más de 10 pasos sin ayuda de un bastón.

Además de sus problemas físicos, quien alguna vez fue un mito del deporte norteamericano y hasta actor de cine, se manifiesta avergonzado por su situación y su única esperanza es obtener la libertad condicional y “salir como un fantasma” de la prisión, sin que haya cámaras cerca, pues está seguro de que está pronto a quedar confinado a una silla de ruedas en la que pasará el resto de sus días.

La quiebra total es otro dolor de cabeza para él, aunque tal vez, a partir de este fin de semana, el envejecido y enfermo O.J. Simpson tenga que afrontar una nueva arremetida, cuando se liberen los documentales que prometen contar todo lo que no se dijo en el turbio proceso por el sangriento crimen por el que estuvo acusado.

En medio de semejante perspectiva, a O.J. Simpson parece agigantársele una desoladora frase: “Lo peor está por venir”.

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Yuri Lorena Jiménez

yjimenez@nacion.com

Editora de la Revista Dominical

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.

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