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Nota curiosa: El sorprendente encanto de la televisión lenta

Actualizado el 04 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Nota curiosa: El sorprendente encanto de la televisión lenta

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El filme El séptimo sello es una de esas películas que parecen retar las leyes de la física: dura 96 minutos pero el espectador siente que la vio por ocho horas.

La obra es una de las grandes películas del cine, y provoca que la audiencia se sienta más sabia cuando termina su emisión, pero, sobre todo, más vieja. Es cine lento, del sueco Ingmar Bergman, una lentitud que, si quisiéramos estirar la cobija a sus vecinos nórdicos, nos lleva a la televisión lenta ( slow TV ), que nació en Noruega en el 2009.

Por horas,   miles de noruegos  contemplaron una hoguera por televisión, y algunos reportaron que se emocionaban cuando se metía otro madero.  | FOTO: NRK2
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Por horas, miles de noruegos contemplaron una hoguera por televisión, y algunos reportaron que se emocionaban cuando se metía otro madero. | FOTO: NRK2

Ejemplo de TV lenta: 18 horas de salmones nadando contracorriente, 100 horas de ajedrez jugadas por el gran maestro noruego Magnus Carlsen, y un programa de 12 horas y media de una emisión que muestra el proceso "de la oveja al suéter"

Ahora, que tenemos la angustiante tensión de Breaking Bad , o de la intriga mafiosa de El patrón del mal , una serie de producciones noruegas ha enganchado a su audiencia sin adrenalina, con mucha paciencia.

Viaje en tren

La televisora pública de Noruega fue la que tuvo la idea de transmitir el transitar de un tren desde Oslo hasta Bergen en el 2009. El hecho de si había mucho o poco que ver en aquel programa es objeto de discusión: el espectador disfrutaba de los imponentes paisajes por medio de cámaras ubicadas en la locomotora. Aquello fue un éxito: alrededor de un millón de noruegos (el 20% de la población del país) sintonizó aquel tránsito.

La revista estadounidense The Atlantic reporta que, desde entonces, la televisión lenta volvió recurrentemente a la cadena. Otros programas estrella han sido: 18 horas de salmones nadando contracorriente, 100 horas de ajedrez jugadas por el gran maestro noruego Magnus Carlsen, y un programa de 12 horas y media de una emisión que muestra el proceso “de la oveja al suéter”, el cual empieza en el trasquilado de la lana y termina en el lento tejido de la prenda.

“(Los programas) te permiten ir más profundo, disfrutar más de los detalles”, declaró una televidente a la televisora Deutsche Welle.

Un éxito reciente fue el espacio de 12 horas sobre la corta de troncos, que después serían quemados en una hoguera. El espacio invitaba a los televidentes a enviar consejos sobre el acomodo de la madera en el fuego.

Los productores de estos espacios asumen una actitud de rebelión ante una programación comercial que exige atención a gritos. Sería injusto decir que la suya es televisión en donde no pasa nada. En verdad, solo pasa menos: se parece más a la vida.

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