Tinta fresca: "Medea y la padrectomía", por Ana Istarú

“Al empuñar al hijo como lanza contra el cónyuge, el que se desangra es el niño”

Poco ayuda a su hijo la madre que pretenda ponerlo en contra de su padre.
Poco ayuda a su hijo la madre que pretenda ponerlo en contra de su padre. (Olga Cajina / La Nación) ampliar

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Nos cuenta Eurípides que el mítico Jasón, enamorado de Medea, la hermosa hechicera, la arrebata a su familia con su consentimiento, la convierte en su mujer y procrea con ella dos niños. Llegados a tierras corintas, y debido a su fama, es invitado por el rey del lugar a contraer nupcias con su joven hija. Jasón acepta gozoso y prescinde de Medea, quien en venganza acalla su amor materno y mata a sus hijos.

Los antiguos griegos, que todo lo sabían, nos dejaron este retrato extremo y feroz de cómo un cónyuge puede valerse de los hijos para cobrarle al otro sus afrentas, su desamor o su abandono, sin reparar en que al empuñar al hijo como lanza, más que atravesar al cónyuge lo que hace es desangrar al niño.

La alienación parental, término que no llegaron a acuñar los griegos, pero con el que se designa este acto de manipulación, equivale a un secuestro emocional. Cuando alguno de los padres impide que sus hijos se relacionen con el otro a punta de artimañas, estratagemas o simplemente reventando a pedradas la imagen que de este tienen, les está impidiendo ejercer un derecho fundamental: saber quién es su progenitor, no solo su nombre y número de cédula, sino la materia de la que realmente está hecho y el peso exacto del amor que les profesa. No insto a nadie a exponer a un niño ante un padre agresor. Si ese fuera el caso, a la ley se acude. Simplemente, si no hay razón o antecedente, no se le puede privar al niño de su contacto, no solo por una cuestión de justicia simple y monda, sino porque un niño, en particular los más pequeños, imaginan que todo proviene de sí, y que por lo tanto, si uno de sus padres está ausente, es por su culpa; si no es suficientemente amado, es porque no lo merece; y si su padre es “malo”, la vergüenza es suya, pues él también lo ha de ser.

No solo los padres varones, como se podría creer, son quienes han padecido la padrectomía. La madrectomía también existe. También se puede, en distintas edades, distorsionar en los hijos la imagen de la madre y arrancarlos de su proximidad. No se trata aquí de una lucha de género. Se trata de que no se trae al mundo a un niño para demostrar nuestra hombría o para complacer nuestra necesidad de maternar, para perpetuar los genes o para cumplir con un mandato social o religioso. Se engendra a un niño, se adopta a un niño, se tiene a un niño, para hacerlo feliz.

Quizás un hombre se convierta en un exesposo. En lo que nunca podrá convertirse es en un expadre. Lo sabemos todos. Que lo sepan nuestros hijos.

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