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Tradición artesanal

Máscaras de Cachí: Tierra de gigantes

Actualizado el 27 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Un vistazo bajo la máscara, y sobre el hombro del maestro mascarero de Paraíso de Cartago.

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Máscaras de Cachí: Tierra de gigantes

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Solo nueve años tenía Rigoberto Ramírez cuando lo encontró una vocación para el resto de su vida. El trabajo de Rubén Alcázar y Macedonio Quesada lo deslumbró cuando era un niño, y él se convertiría en aprendiz de artesano para la factura de máscaras fantásticas hechas con moldes de barro, cola y sacos de gangoche. A los 14 años de edad, ya había hecho su primer juego completo, con 12 personajes distintos.

Con el auge cafetalero en Paraíso también llegaron los primeros mascareros al cantón.

La tradición había empezado en el ombligo del siglo pasado, en 1951, cuando el cantón de Paraíso se llenó de trabajadores que venían de otros sitios del Valle Central para trabajar en la producción de café.

Con este auge, vinieron los mascareros de Cachí.

Don Rubén, padre adoptivo de Rigoberto, le pidió que continuara con la tradición después de su muerte, por allá de 1980. “Quiero que hagás máscaras, no quiero que esto se pierda”, le dijo. La técnica ha variado desde que las máscaras llegaron a Cachí. Los sacos y la cola son un recuerdo; ahora los diablos y las brujas se hacen con papel maché y almidón de yuca, y los personajes viejos comparten tarima con políticos de turno y un hombre lobo.

Esta máscara enamoró al fotoperiodista Jorge Navarro, quien quiso conocer más sobre su autor. “Hace dos años que conocí a don Rigoberto, y me atrajo mucho la oportunidad de resaltar el trabajo de un artesano”. En vísperas del Día de la Mascarada Tradicional Costarricense (31 de octubre), el lente de Jorge estuvo en el taller de Cachí para retratar un arte que cualquiera estaría tentado a encasillar como “nuestro pasado”. Error: sus fotos son puro presente.

¿Qué encontró Jorge? “Un ambiente muy sencillo”, “gente muy amable”, “un legítimo pueblo”. También encontró a toda una familia volcada sobre una tradición de más de 60 años.

Un cabezudo que replica la fisonomía de don Rubén Alcázar, el papá de las máscaras y de don Rigo, reina entre los otros gigantes del taller. El fotógrafo lo retrató junto a Jorge Arturo Berrocal, quien tiene nueve años de edad. Él es sobrino de quien hoy es el maestro mascarero de Cachí. También es ayudante en el taller; otro niño deslumbrado.

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