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Cultura swinger: “Esto es un ‘play’ para adultos”

Actualizado el 22 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Cultura swinger: “Esto es un ‘play’ para adultos”

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La inexistencia de un lugar adecuado para el entretenimiento de adultos terminó por convencer al abogado Víctor Hugo Mora de hacer una tremenda inversión que dio inicio tres años atrás con la primera parte de lo que hoy es High Dreams, y que empezó como sitio de piscinas y spas, para arrancar ya como hotel hace tres años.

Carlos Dorticós  y su sobrino, Víctor Hugo Mora, fueron los fundadores de High Dreams. Par de personajes los dos.
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Carlos Dorticós y su sobrino, Víctor Hugo Mora, fueron los fundadores de High Dreams. Par de personajes los dos.

La influencia de su tío político (pero a quien ve como un segundo padre), Carlos Dorticós, quien lleva medio siglo de vivir en Los Ángeles y en el pasado fue propietario de night clubs , terminó por convencer a Víctor Hugo.

Entre ambos conceptuaron lo que sería el hotel y aprovecharon un enorme terreno familiar para construir esa espaciosa sede dirigida a estimular el placer adulto.

“Nosotros pretendimos innovar al construir este refugio. En el país no existe un lugar de entretenimiento para adultos que sea integral. Nosotros quisimos ofrecer esa opción en un lugar en el que el cliente se siente totalmente protegido en su seguridad, pero también en sus pertenencias, pues Rosario de Naranjo es un lugar muy despoblado, no hay miches , no hay robos, no hay tachonazos”, aseguró este hombre de personalidad extrovertida y que, además de ser el propietario de High Dreams, trabaja como abogado litigante.

Justamente la asfixia de las carreras diarias fue lo que dio origen a su idea.

“Esto es un playground para adultos. Así lo pensamos porque no todo es trabajar, correr, pagar, dormirse estresado y levantarse igual. Aquí la gente se desconecta, es el picante de la salsa de la vida, así lo planteamos y lo logramos, porque usted lo vio, aquí viene todo el mundo sin inhibiciones pero siempre con respeto, se relajan de varias maneras y se desconectan por completo”, aseguró el empresario.

Otro detalle que acotó es que ellos son sumamente cuidadosos con el derecho de admisión. Aunque no han tenido mayores contratiempos, sí han tenido que “espantar” a uno que otro mirón, gente que ha llegado a fisgonear por morbo, no porque quieran participar como voyeuristas.

Mora agregó que el sitio está abierto 24 horas, prácticamente, y que la gente puede llegar a pernoctar o bien, pasar el día en el lugar.

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Dijo sentirse muy satisfecho por la “calidad” de la clientela fija que tiene, la mayoría empresarios o profesionales que tienen muy claro de qué se trata High Dreams, y todo confluye en el que lugar sea más agradable y apetecible.

No se trata, como en otros lugares por el estilo, de un grupo de “miembros”. Básicamente es un hotel-spa que funciona como tal.

Por estos días, don Carlos Corticós (a quien todos los asistentes al hotel terminamos llamando Tío Carlos, así de entrañable es este personajazo) estuvo a cargo de atender la extensa barra de la discoteca.

En una historia alucinante que habrá de ser reseñada en otra ocasión, salió de Costa Rica rumbo a Estados Unidos en 1964, y se quedó para siempre. Allá hizo su vida, tuvo sus hijos, enviudó, se volvió a casar. Dueño de una sabiduría indígena y de un don de narrar historias absorbentes, atiende a los singulares parroquianos, muchos de ellos totalmente desnudos o en actividades pre-sexuales sin inmutarse en lo absoluto. Para él se trata de una actividad totalmente normal entre adultos, la que conoció muy bien cuando, por varios lustros, fue propietario de night clubs y de bares topless en Los Ángeles. Él ayudó a Víctor Hugo desde el principio y, con un ojo bárbaro para los detalles, cada vez que viene al país, lo sigue haciendo.

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